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martes, 24 de mayo de 2016

Cross Tres Refugios 2016: Fuera de control

Afrontando el Ventisquero de la Condesa
Primera entrada del blog en todo el año, lo que da una idea de la escasa actividad en estos meses. Etapas de la vida. Volverán tiempos más propicios. Pero como me sigue picando el gusanillo de correr por la montaña pues no pude resistirme y en otro alarde, no sé si de excesivo optimismo en mis posibilidades o de pura idiotez, me inscribí en esta mi carrera favorita de montaña. Y mira que sabía lo que me esperaba, pues sería la sexta vez que me pusiera en línea de salida. Esta prueba de la legendaria Copa de Hierro de Carreras de Montaña de Peñalara no es excesiva en longitud (unos 30 km) ni en desnivel (+ 1.750) para los actuales cánones ultras,  pero no deja de ser un hueso duro de roer si no vas con un mínimo de forma para enfrentarte a alguna de las sendas más bravías del Guadarrama. Si a ello se le une mi ya inveterada mala costumbre de hacer experimentos con el calzado, apaga y vamonós. Esta vez he venido con mis Merrell AllOut Rush, una zapatilla que no es ni chicha ni "limoná", ni minimalista ni no, pero en cualquier caso muy blanda para el actual estado de mis pies, si bien ya venía muy rodada e incluso probada sin incidencias en el último Cross de La Pedriza. Y claro, el largo descenso de Maliciosa (2.223 m) a Canto Cochino y no parar a atarme bien las zapatillas antes de empezar a bajar, ha vuelto a pasar factura a las plantas de mis pies, que ya a media altura presentaban unas dolorosas rozaduras que me hacían correr de puntillas. Mal, muy mal por mi parte. Otro tópico: Se junta el hambre con las ganas de comer. Si ya venía justito, pues desde Canto Cochino me toca, en un calco de hace dos años, entrar en modo supervivencia y afrontar de nuevo la eterna subida a la Bola del Mundo, remontando el impetuoso curso del Manzanares , básicamente andando despacito e intentando no ceder a la tentación, mandarlo todo a freir espárragos y sentarme tranquilamente a mirar el espectacular paisaje viendo pasar a los escasos corredores-paseantes que van detrás mío, que me van alcanzando y a los que voy perdiendo de vista no sin antes recibir mis ánimos.  El muro final del Ventisquero de la Condesa, un empinado praderío todavía salpicado aquí y allá de neveros y lleno de agua y barro, aún lo hago engarzado a una hilera de corredores que reptamos como podemos de hito en hito, pero en cuanto cede la pendiente y toca bajar mi última esperanza de poder entrar en tiempo (máximo 6 horas) se difumina. Aún puedo medio trotar por la parte de cemento de la pista, pero es coger el sendero del Emburriadero, que sustituye a la drástica bajada de la Pala Montañeros por exigencias del Parque Nacional (mira tú, una "ecológica" pista de esquí), y los pedruscos puntiagudos que alguien ha puesto ahí aposta para maltratar aún más a mis ampollas impiden que mi ritmo pueda ir más allá de un ridículo ir de puntillas esquivando los guijarros más prominentes. Cuando llego a la carretera para ya afrontar los últimos cientos de metros siento el mismo placer indescriptible que se debe sentir cuando has llevado largas horas  un yunque de 100 kilos y de repente lo sueltas. Corro hasta con alegría. Y tras seis horas y cuarto añado el primer fuera de control en una carrera a mi cada vez más larga lista de fracasos clamorosos en carreras de montaña, algo es algo, aunque, en el fondo, me lo he pasado muy bien.






domingo, 22 de noviembre de 2015

XXXVI TROFEO JOSE CANO- CARRERA DE CANILLEJAS 2015


Segunda gran clásica del asfalto otoñal madrileño que, como tenía previsto, he corrido y disfrutado. Aunque lo de disfrutar no lo esperaba antes de empezar la carrera tras un mes de entrenamientos tirando a escasos y casi siempre sufrientes y poco motivadores de cara a la cita de Canillejas. Son las servidumbres de ser asmático en Madrid cuando el pertinaz anticiclón enmierda nuestros cielos. Afortunadamente la entrada de aire frío de ayer ha limpiado la atmósfera a la par que nos ha regalado una fresca mañana ideal para correr. La carrera, vieja y veloz conocida a la que tenía abandonada desde la edición de 2011, ha discurrido según el mejor de mis planes, que era sufrir lo justo y regular para llegar al kilómetro 7,  inicio de la larga bajada hasta la meta, con fuerzas suficientes para acabar corriendo deprisa dentro de mis posibilidades. Ni un pero, casi lo consigo y sólo se me hace algo largo el último kilómetro; el resto ha sido un plácido trotar en el que he podido ir a ritmos de entre 4:30 y 5:00 sin echar el bofe, lo cual no ha dejado de sorprenderme tras los reptantes entrenos previos. Misterios del cuerpo y la mente humanos. En fin, un diez mil más en mi vuelta a los orígenes y fundamentos, en el que me he demostrado que sigo más o menos donde he estado siempre, en la clase media baja del pelotón. No pido más.







Clasificación general

domingo, 18 de octubre de 2015

XXXV CARRERA DE LA CIENCIA


Me apetecía cambio de tercio y,  tras mucho tiempo, volver a correr un diezmil por el asfalto madrileño. Y esta vieja  conocida y clásica carrera del calendario otoñal se ha cruzado en mi camino. Con la vista puesta en la otra gran clásica madrileña, el Trofeo José Cano o Carrera de Canillejas, a celebrar dentro de más o menos un mes, quería ver de dónde parto y qué margen de mejora me queda en estas escasas cuatro semanas. Con ningún entrenamiento específico, con lo que haya dejado en el cuerpo mi anarco rutina (por llamarla de alguna manera) deportiva, me planto en la salida del CSIC en la C/Serrano, en una mañana nublada pero seca y con agradable temperatura, con la sana intención de conocer dónde estoy y motivarme a ser más metódico en los próximos tiempos por ver hasta dónde llego, que sospecho que será donde casi siempre o aún peor dado mi declive físico,  que los años ya no van perdonando. El caso es no pararse y disfrutar.

Gran ambiente de atletismo popular
Y la carrera ha transcurrido más o menos como pensaba: Un primer kilómetro cuesta abajo, con una pequeña tachuela y un gran embotellamiento ralentizante pero que acabo a 5´/km. Un segundo kilómetro, Puerta de Alcalá en lontananza, intentando coger velocidad de crucero y que será el más rápido de la carrera  (4'39''); un tercero atascado en la estrecha calle Recoletos que nos deposita en el paseo del mismo nombre y nos lanza (es un decir) Castellana arriba, casi a 5'. Tres kilómetros de avenida que pican y pican cuesta arriba y se me empiezan a hacer duros, donde no me veo fresco y empiezo a sufrir. El 6º kilómetro lo hago a 5'20'' y empiezo a ver esfumarse el bajar de 50'', primer muro del diezmilero popular. Después, ya en zona de toboganes rumbo de vuelta al Ramiro, cojo de nuevo ritmo y consigo hacer los kilómetros restantes entre 4'40 y 4'50, suficiente si mi carrera midiera 10.000 metros para bajar de 50, pero tanto zigzag me ha llevado a correr, según mi GPS, 230 metros de más y a parar el crono en meta en 50''18'',  que a la postre son los que valen. Tengo trabajo por delante, a ver si consigo sacar algunos entrenamientos de calidad que me permitan poner un 4 delante de mi próxima marca en el diez mil.







Clasificación

domingo, 4 de octubre de 2015

CROSS DE LA PEDRIZA 2015




8:00 de la mañana, con cuatro años y unos kilos más que la primera y última vez que había venido a esta dura y técnica carrera, espero mientras llueve copiosamente a ir a recoger el dorsal dentro del coche. No es cuestión de tentar a la suerte tras una semana de dudas sobre si participar o no tras un proceso viral que me ha tenido casi parado los últimos días.  Pero si me hubiera quedado en casa creo que los remordimientos me hubieran causado más molestias que las que la propia carrera me generara. Así que, como casi siempre, llego con el programa de mínimos de acabar en tiempo. Prolegómenos, calentamiento y pistoletazo de salida, este año en la misma barrera de entrada del parque (6 kilómetros de clavo). Inicio por la carretera a Quebrantaherraduras, cogiendo ritmo y la carrera estirándose. Ahí vamos, sin demasiados problemas hasta Canto Cochino donde la subida hacía el Yelmo empieza pina y recia como pocas hasta los llanos de la Gran Cañada, por donde pasé hace unas semanas. Aquí me sorprende el que no tomemos la más directa senda de las Carboneras hacia la pradera del Yelmo y que sigamos por la senda Maeso, exactamente por el mismo trazado de mi último entrenamiento montañero Hace rato que dejó de llover, pero nubes bajas corren entre los riscos por los que serpenteamos en dura pendiente, ayudándonos de las manos en muchas ocasiones. En la zona de los del Acebo y la Cara emprendemos el técnico, y hoy algo peligroso por lo mojado, descenso hacia el Collado de la Dehesilla. Voy bien, lento (ya es algo constitutivo mio) pero seguro. Paso con algo de margen el control de cierre.

Entrada a la gatera de Navajuelos
Lo que sigue es, a mi entender, la parte más dura de la carrera. Es el ascenso hasta Navajuelos y su pradera, previo paso por una de las gateras por la que reptamos literalmente a lo largo del itinerario, y bajo la espectacular torre derrumbada que es el risco de Mataelvicial. Vuelvo a sufrir lo indecible trepando por estas lajas, creo que me pasa factura la semanita que he pasado. En los llanos previos a la Pared de Santillán espero recuperar, pero lo único que hago es chocarme con un muro. Además he perdido al grupo con el que iba y voy solo. Y así llego al avituallamiento y control del Collado de la Ventana, hoy cubierto por una espesa niebla. El tramo que sigue y supera el cresterío de Las Torres, cumbres de La Pedriza ya a 2.000 metros, es para mi gusto uno de los más bellos y espectaculares de las montañas españolas, pero entre que apenas se ve y la caraja que llevo no lo termino de disfrutar como merece. Sigo sin prisa pero sin pausa. En el descenso entre la parte más alta de Las Torres y el siguiente control del collado del Miradero la visibilidad es ciertamente escasa, pero gracias a la perfecta señalización de la organización no hay riesgo de pérdida.

Zona de Las Torres

No se ve un huevo
En el Collado del Miradero me tomo un respiro y como y bebo en abundancia por ver si en el descenso encuentro mis fuerzas perdidas. Y sí, surte efecto tan obvia solución. Empiezo bajando con prudencia por el bosque, donde cambiamos el piso rocoso por las traicioneras raices, y me voy encontrando mejor a medida que pasan los minutos, vamos que no es que vaya como un cohete pero hasta cojo a algún corredor. Y en el ascenso entre Cuatro Caminos y la bajada previa al Collado Cabrón  vuelvo a trotar con alegría. Y en el descenso a Canto Cochino, dejo de ir suelto y solitario y encuentro más corredores e incluso los sobrepaso. Juro que no me he dopado. Los kilómetros de propina entre Canto Cochino y la meta los hago sin demasiado problema y cuando tras 5 horas y 2 minutos acabo la carrera siento que tengo ganas de más. Muy contento la verdad, ni me acuerdo de las horas en las que me he sentido como un jabalí en una montería. Por si alguien se anima el año que viene, son 25 kilómetros y + 1.900 metros por trochas y sendas laberínticas y que van de lo empinado a lo vertical en su mayor parte.


martes, 16 de junio de 2015

Punto y aparte


Kilómetro 25 del MAM, segundo paso por el puerto de Cotos. Me quito el chip y anuncio mi abandono. Lo he ido barruntando desde las primeras rampas de ascenso a Peñalara, donde de pronto noto que las fuerzas me abandonan y mi lento avance se ralentiza entre náuseas y oxigenación dificultosa. Llego a la cima sin disfrutar, ya me fastidia... La vecina, tan lejana y cercana a la vez cumbre de Cabezas de Hierro, resplandeciente hace unas semanas, se oculta entre negros nubarrones. Una infinita pesadumbre me abruma al no sentirme con fuerzas de afrontar el grisáceo muro de Las Cerradillas que nos aguarda. Para colmo mis pies empiezan a mostrar los límites de mi adaptación al calzado minimalista que, pese a no ser en absoluto radical, he elegido para tan dura y técnica prueba. La elección del apoyo correcto en cada zancada se me hace cada vez más difícil en el pedregal del descenso, me penaliza y martiriza los huesos de mis pies añadiendo más desgaste a mi ya trémulos mente y cuerpo. Llego a Cotos algo aliviado por el agradable piso de la pista final, incluso puedo correr con cierto brío, pero lo dejo. No soy amigo de épicas inútiles y tengo mucho respeto a la montaña. Siendo sincero conmigo mismo, sé que no estoy preparado para lo que falta y si me dejo llevar por mi terquedad, tal y como además se estaba poniendo el tiempo, me puedo poner en peligro a mi mismo y a los demás. Me jode, pero es la verdad. Toca entrenar más y mejor, llevo un año difícil y me faltan kilómetros, volumen, calidad, fuerza, qué sé yo... Quién me mandaría a mi en un exceso de optimismo meterme en este fregado. Así que me doy un respiro y aprovecho que me voy de vacaciones con la familia para replantearme esta pasión por la montaña que no se extingue. Punto y... seguido.



domingo, 22 de marzo de 2015

LOS MOLINOS DE RIAZA - RACES TRAIL RUNNING 2015

Ha aguantado el día
Tras nueve meses sin ponerme un dorsal, ya tocaba. Y hasta me apetecía. Así que cuando Javi me propuso inscribirme no me lo pensé demasiado. Ir a la hermosa villa de Riaza, auténtica capital de mi querida Sierra de Ayllón, siempre merece la pena. Lo de correr, yo que estos meses he estado casi deviniendo en senderista, lo tenía menos claro. Y más en esta carrera, sólo 12 kilómetros y 325 metros de desnivel positivo, que prometía ser bastante rápida. Lo que yo no soy. Pero bueno, he ido con buena disposición de gestionar los seguros momentos de agonía lo mejor que mis quejumbrosos pulmones me permitieran. Y no ha ido mal la cosa. Tras un rápido primer kilómetro cuesta abajo para salir del pueblo, la ruta se interna en un bonito rebollar donde están las dos cuestas más largas y empinadas, dentro de lo que cabe, de toda la carrera. Aquí he ido regulando al trote y me he encontrado bien. Paso a Javi, que creo que ha salido demasiado rápido. Enseguida nos sacan a una pista con toboganes. Empiezo a sufrir. Justo antes de entrar en Riofrío de Riaza, kilómetro 7 (avituallamiento y media vuelta) está la última cuesta de entidad, que vuelvo a gestionar con cierta solvencia. Un traguito y a recuperar en la bajada de la misma cuesta que acabamos de subir, cruzándonos con los que la ascienden en ese momento. Ahora vamos por una senda pedregosa por terreno arbolado y cercana al río Riaza. Es trazado llano y en ligera bajada. Se me empieza a atragantar. Las ligeras cuestecillas de los kilómetros del 10 al 11 hacen que pierda al grupo con el que iba. No respiro bien, tanto rompepiernas me da flojera... Me coge Javi, que ha hecho un carrerón de menos a más. Me anima y revivo. En el asfalto del último kilómetro y pico incluso conseguimos correr más o menos de verdad y entramos casi a la par en meta. 

La simpar villa de Riaza
En resumen: Buena carrera, buen ambiente, organización sin mácula, climatología estupenda para lo que se esperaba y sensaciones acordes a mi momento de forma. Hora y cuarto casi justa de esfuerzo y una alegría: Si hubiera habido categoría minimalista habría llegado de los primeros. Mucha amortiguación y mucho drop se ve todavía en estos eventos.




Recién llegados

Mis embarradas Merrell Ascend Glove



domingo, 29 de junio de 2014

TRAIL PEÑALARA 60 KM 2014


Conseguido. Como ya he contado, este era el alocadamente elegido objetivo de este año, que con toda humildad y a sabiendas de lo poco en forma de kilómetros que esta temporada he invertido en ello, sólo quería completar en el tiempo máximo permitido por la organización. Tiempo máximo, 15 horas, que creo que es bastante generoso. Tras una inoportuna lesión en el Cross Tres Refugios (por berzotas) que me hizo retirarme del MAM, y unas últimas tres semanas que por motivos diversos han sido muy cansadas y ajetreadas, en las que además los entrenamientos han sido testimoniales y con malas sensaciones fisicas, me he presentado en línea de meta literalmente acongojado. Mi estrategia la tengo clara: Ni un solo exceso, ritmo cómodo, constante, irme fijando metas de avituallamiento en avituallamiento donde además me pararé lo que haga falta, hidratación (incluyendo sales) continua, no estresarme, donde llegue he llegado, disfrutar de la luz y los paisajes del Guadarrama. Al fin y al cabo nunca he sobrepasado la distancia de un maratón y no sé cómo va a reaccionar mi cuerpo. Toda precaución es poca. El equipo: Bastones desde el principio tanto para los ascensos como para los descensos; calzado sobradamente probado pues no es éste momento para experimentos. El minimalismo lo dejo para el asfalto y distancias más cortas en montaña. Por lo menos por ahora. Me lo planteo como una larga marcha a ritmo un poco más vivo que el puramente senderista. Ello me va a llevar a andar en las subidas, escrupulosamente además y mira que hay tramos de subida corribles en el recorrido, y trotar dejándome llevar en las bajadas hasta donde me den las piernas. Creo que es el estilo que me va a dar probabilidades de terminar, y acertaré. Por ello digo que, ya era hora este año, ha sido una carrera perfecta pues el fin se ha adaptado perfectamente a los medios puestos para conseguirlo.


6:45 a.m. Salida en Miraflores tras el traslado en autocar desde Navacerrada, adonde todos esperamos volver por nuestro propio pie en unas horas. Se me quita de golpe el abotargamiento que traía tras el terrible madrugón y la noche casi en vela. Todo el mundo a mi alrededor, salvo supongo la cabeza de carrera, sale trotando a ritmo pausado. A la salida del pueblo, en la Fuente de el Cura, se acaba el asfalto y comienza la primera subida del día al Puerto de la Morcuera. Echo a andar como muchos otros. La subida, larga y tendida y en su mayor parte por pista en buen estado, es ideal para ir cogiendo ritmo. Con mi pasito corto y cadencioso empiezo a adelantar a gente, cosa que no deja de sorprenderme. 1 hora y 33 minutos tardo en picar el primer control en el puerto, kilómetro 11. Avituallamiento, parada técnica y comienzo sin prisas de la siguiente etapa hasta Rascafria. Peñalara nos velará durante todo el camino.

Comienza el descenso

Bajo Peñalara

Disfrutando los paisajes
Por delante 14 kilómetros de bajada hasta Rascafría que se hacen de forma bastante cómoda por buena pista y algo de carretera entre el Puente del Perdón en El Paular y el polideportivo de Rascafría, avituallamiento y punto clave de recuperación sobre todo para los corredores del Gran Trail 110 km. Simplemente me dejo caer trotando muy suavemente y disfruto de las magníficas vistas entre los pinares. En el avituallamiento y control de material obligatorio me paro un buen rato a comer y beber. Voy bastante entero, si bien tampoco el recorrido hasta aquí ha sido muy castigador. 3 horas 26 minutos. Voy con margen sobre el cierre de control. Cuando salgo para enfilar el larguísimo ascenso al Puerto del Reventón, primero por senda y luego por pista que va haciendo zetas, empieza a hacer calor, pero luego enseguida y como será la tónica durante todo el día, el viento refrescará bastante el ambiente, afortunadamente. Sigo con mi plan, tiki-taka, sin prisa pero sin pausa. Empiezo solo pero voy alcanzando grupos de corredores. Sensaciones muy buenas. Esto me gusta. Lo único malo es que empiezo a tener ampollas en los tobillos. Esta vez creo que los culpables son los calcetines, que están muy currados, que se supone que previenen las ampollas, pero que llevan lana merina y me recuecen los pies cuando el ambiente no es frío y llevo horas de actividad. Fallo. Pero la cosa es llevadera. Control algo por debajo del Puerto del Reventón, que se sube bastante bien. Ningún tramo técnico. Hasta aquí la carrera ha sido 100% pistera. Kilómetro 34. 5 horas 39 minutos. Nueva parada y vuelta a empezar. Aquí el terreno cambia de forma radical. Entramos en la alta montaña. La cima de Peñalara nos aguarda. Parece que está ahí mismo pero son ocho kilómetros de subir y bajar por sendas sobre la loma Carpetana hasta dar con la afilada Cresta y cima de Claveles. Es la parte más espectacular del recorrido, con espléndidas vistas sobre la meseta norte, el valle de Lozoya y gran parte de la sierra. Voy bien físicamente, únicamente me martirizan las ampollas, pero por fortuna sólo bajando. En los tramos, cortos, de descenso, me adelantan corredores que vuelvo a alcanzar subiendo. Me pongo como meta la cima de Peñalara para parar a curarme con Compeed.  Entretanto sigo dale que te pego.

Comienzo de subida al Puerto del Reventón

Peñalara y Claveles nos esperan

Tramo precioso previo al Pico de Los Neveros

Risco de Claveles

Vista atrás, se ve la Laguna de Los Pájaros

El tramo de cresta, que se supera por la derecha

Ya estamos casi en Peñalara
Estoy deseando coronar Peñalara, creo que  una vez aquí tengo bastantes posibilidades, salvo imprevistos, de llegar. Y empiezo a tener verdadera necesidad de curar mis pies. Sigo con fuerza en los ascensos, en lo que es mi ritmo, claro, y el empinado tramo previo a la cresta de Claveles lo supero sin problemas y pasándomelo hasta bien. El pedregoso tramo de arista me cuesta más, pues uno va bien pero, vamos, todo lo bien que se puede ir con 40 kilómetros en las piernas y me desenvuelvo con torpeza y algo de agarrotamiento.  Un último empujón y cima. 7 horas y 35 minutos. Muy mal se me tiene que dar para no llegar con el control abierto. Pocos días he visto la cima de Peñalara tan frecuentada como hoy: Decenas de excursionistas, animadores, corredores de las tres distancias que coincidimos aquí, unos para bajar a La Granja (¡qué titanes!), otros que bajaremos a Cotos. !Alegría! Hoy es la gran fiesta de la montaña en el Guadarrama. Yo, como tenía previsto, me resguardo del frío viento que aquí sopla y por fin me curo los pies y aprovecho para comer una buena ración de pan de higo y de dátiles que me he traido. A gloria me saben. Al poco me pongo de nuevo en marcha y empiezo el descenso por la muy concurrida vía normal del Puerto de Cotos. Al principio andando pues todavía no ha hecho efecto el analgésico del Compeed y después trotando cual Robocop por las sendas y pistas hasta el Puerto. Allí me encuentro con mi incombustible tío Ricardo, que este año no ha llegado a la carrera por lesión y la está viviendo al otro lado del dorsal echando una mano en el control. También está mi primo Alvaro, al que espero en una de estas próximamente. Algo de comida, hay hasta pasta, ¡ole por la organización!, charla y de nuevo a subir. Kilómetro 47. 8 horas y 37 minutos. Ya llego, ¡vamos que llego!

Cima de Peñalara, de fondo la última ascensión del día a la Bola del Mundo

En Cotos

Guarramillas culminando la última ascensión por la Loma del Noruego
A la remontada de la Loma del Noruego le tengo algo de miedo pues ya me coge con más kilómetros en el cuerpo de los que he recorrido nunca. Son 465 metros de desnivel de subida con alguna bajadita intermedia en 5 kilómetros, poca cosa en condiciones normales, pero aquí y ahora... No pensar, dejarme envolver por la luz de la tarde, refrescarme con la brisa, deleitarme con la alfombra de pinos a mis pies. Cadencia, cadencia, un paso, otro. Silencio, casi subo solo, un par de corredores muchos metros por delante, no veo a nadie por detrás. Las últimas rampas son realmente duras. Cima. Se ve por primera vez la meta, 10 kilómetros y 1000 metros más abajo. Control en la estación superior del telesilla de Guarramillas. Kilómetro 52. 10 horas y 12 minutos. Ya voy realmente cansado. Las dos piernas me duelen desde la punta del pie hasta la cadera. Bajar trotando por la pista de cemento es un suplicio para mis cuádriceps. Hasta que no llego a la senda en el Collado del Emburriadero no me animo a trotar de nuevo poco a poco. Me he tomado un algo antes un gel con cafeina que he traido para cuando llegara este inevitable momento de decaimiento. El caso es que paulatinamente voy cogiendo ritmo, dentro de lo que cabe, y vuelvo a disfrutar. Me da la sensación de que usar otros grupos musculares hasta me relaja la tensión en las piernas. Entro en el bosque, esto cada vez va mejor. Hasta que llego a la pista de La Barranca... Se acabó, el cambio de piso no me sienta nada bien y ya no puedo correr. Voy bien de hora, no pasa nada, creo que hasta puedo bajar de 12 horas, cosa que me parece increible dada la previsión que me había dado de entre 13 y 15 horas.  La pista es un suplicio, no se acaba nunca, parece que el pueblo de Navacerrada ha desaparecido en una especie de triángulo de Las Bermudas. Me sobrepasan, corriendo como Dios manda en terreno tan favorable como este, corredores de las tres carreras en liza. Me maravilla ver pulseras azules y rojas corriendo como alma que lleva el diablo tras el soberano palizón que llevan encima. Yo de mayor quiero ser como ellos.  Por fin, se ven las primeras casas del pueblo. Me recompongo para hacer una entrada digna y vuelvo al trote. Algo de callejeo que se me hace eterno como no se me ha hecho ningún otro tramo de la carrera. Mucha animación que levanta el ánimo. La meta ha llegado. Me da hasta pena, ha sido uno de los días más intensos de mi vida. El resultado, dadas las premisas previas y mi idiosincrasia deportiva, genial: 11 horas 48 minutos y 35 segundos. 287 de 370 llegados. Y lo más importante, no me he hecho daño y he sufrido lo justo. Tanto ha sido ha sido así que el año que viene a lo mejor hasta me animo y me pongo la pulsera roja del Trail Peñalara 80 km.

Primera visión del embalse y pueblo de Navacerrada, allá 1000 metros más abajo
Bajando por la senda de la Tuberia
Por la Barranca

Hermosa sucesión de sierras hasta Gredos, esta visión hace más llevadero el descenso por el cemento


PD: Esta se la dedico a mi suegro Víctor, que en ya en su infancia allá por los años 40 hacía ultratrails  por el Guadarrama, pero no lo sabía.

Clasificación TP 60 Km (estratosférico el tiempo del ganador Raul García Castán)

domingo, 8 de junio de 2014

MAM 2014: K.O. TECNICO


Bueno, pues como era previsible tras los daños colaterales sufridos en el Cross Tres Refugios de hace dos semanas, he tenido que activar el plan B y dejar la dura cita del MAM de este año como un entrenamiento largo, el último, pues en las semanas que restan no voy a poder hacer más, previo a la gran cita del año que para mi es el Trail Peñalara 60 km. Mi mes de junio era arriesgado pues los kilómetros que he hecho este año son bastante escasos por la transición al calzado minimalista, lenta y procelosa, que he llevado a cabo desde el verano pasado, harto de sufrir por mis rodillas y decidido a gastar otras partes de mi anatomía. Total para nada pues hoy he acabado corriendo con mis Salomon de toda la vida. Si encima le sumo una pésima elección de material en la primera competición del año, que me ha dejado las plantas de los pies fuera de combate dos semanas merced a unas dolorosas rozaduras, que a su vez me han causado un esguince o algo parecido en el pie izquierdo al modificar la pisada para aliviar las molestias y que me ha estado doliendo bastante en los rodajes de estos días, pues no me presentaba en la mejor de las circunstancias a una carrera tan dura como ésta.  El caso es que ya desde ayer no he tenido molestias en el tobillo para la vida normal y ello me ha hecho albergar esperanzas de poder acabar, pero era consciente de que la prueba definitiva la iba a tener en el primer descenso prolongado, la Loma del Noruego, pues es en la tracción de las bajadas donde el dolor era mayor estas dos semanas.
Recorrido modificado este año en la subida a Bola del Mundo
Pues bien, en la salida me he presentado con estas premisas y con la idea de dosificar, dosificar y dosificar, pues si acabo el TP60km será porque he conseguido crear toda una obra maestra de la dosificación del esfuerzo y no me vendrá mal el ir ensayando. El caso es que hasta Bola del Mundo, el primer y más larga (que no más difícil) ascenso de la carrera lo he conseguido, he subido relativamente cómodo y con buenas sensaciones, además la ruta por la pista del Collado del Emburriadero por donde nos han llevado este año es, si bien algo más larga, bastante más llevadera que la pestosa pista de esquí . Pero he ido muy lento, no doy para más ahora mismo. La prueba de fuego de mi tobillo ha venido inmediatamente después, en la Loma de Noruego, y he empezado a tener sensaciones raras demasiado pronto pese a llevar bastones para aliviar la carga. En las zonas más empinadas y pedregosas de esta amable loma el dolor y la sensación de inestabilidad han ido a más. Pensar en los largos descensos de Peñalara y Cabezas-Cercedilla en estas condiciones se me ha hecho demasiado duro. No es cuestión de convertir esto en un martirio, así que no sin pena y pensándomelo unos minutos decido abandonar en el control de Cotos. Me he visto con fuerza para subir a Peñalara pero no para bajar, y aquí se acabó la aventura. Aunque no del todo, pues para aprovechar la mañana y hacer algunos kilómetros más decido autoevacuarme por la carretera de Cotos al Puerto de Navacerrada (en llano no me duele nada) y bajar con mucho cuidado por el camino del Calvario hasta Cercedilla. Al final he hecho entre 30 y 35 kilómetros (35 según el GPS de mi móvil pero no me fío mucho de él, yo creo que en montaña mide de más) en 4 horas 45 minutos muy pausadas. Algo harán supongo. Ah, y cosa que nunca me ocurre por razones obvias, he visto a la cabeza de carrera (no al vencedor que me han dicho que ha pasado como una centella camino de bajar de 4 horas) pero si al segundo y al tercero sobrepasarme cual gacelas por los bosques del Regajo del Puerto. Tampoco me lo he pasado mal del todo en mi MiniMAM.

Mi recorrido de hoy





lunes, 26 de mayo de 2014

CROSS TRES REFUGIOS 2014


Mi quinto Cross de los Tres Refugios consecutivo y en el que peor tiempo he realizado si hago la excepción de mi primera participación  en 2010, la primera con el actual recorrido con el añadido del Collado Cabrón que ahora no se supera, y muy condicionada por el fuerte calor que hizo (era septiembre). En esta ocasión me presentaba en línea de salida con cierta incertidumbre tras unos meses en los que he cambiado completamente mi forma de afrontar esto de correr. Por primera vez en mucho tiempo no he corrido una sola carrera, ni de asfalto ni de montaña, en todo lo que llevamos de año. Ritmo competitivo pues, en el sentido de exigirse algo más que cuando entrenas solo, cero. También es la temporada en la que menos kilómetros he hecho en términos absolutos, si bien una de las que más he hecho en montaña. Transición al minimalismo obliga. He cambiado, creo, totalmente mi forma de correr y el material que utilizo y el tributo en forma de falta de distancia se nota. No obstante, creo que estoy culminando la adaptación, ya no siento apenas las molestias que he sufrido en aquiles y planta del pie. Y mis gastadas rodillas lo están agradeciendo enormemente. Pero la falta de cabeza me ha podido y me he planificado unos meses de mayo-junio mortales de necesidad para alguien como yo: Cross Tres Refugios, MAM y Trail Peñalara 60 km. Evidentemente sin pretensión alguna más que terminar dentro del tiempo máximo permitido por el reglamento. Y el MAM como tirada más que larga a ritmo cansino y haciendo evaluación de daños en el segundo paso por Cotos para ver si afronto o no los Tubos de Cabezas. Mi objetivo es llegar al Trail de Peñalara rodado pero no muy castigado. Y más teniendo en cuenta de dónde vengo.

En 3R 2010, qué calor
La carrera en sí ha empezado bien. Me encuentro a la salida con Jesús, un máquina, y ya estamos con la lengua fuera por la carretera del puerto de Navacerrada para girar y sin tregua iniciar la subida a cuchillo al Alto de Guarramillas. Voy cogiendo ritmo. Me encuentro con fuerza en la bajada al collado del Piornal y en la subida más tendida a la La Maliciosa. La parte más técnica de la carrera, la bajada empinada y pedregosa hasta el collado de las Vacas, la gestiono bien. Me divierto. Pero algo empieza a fallar. Con el ánimo de proteger algo más que estos meses mis pies y articulaciones de cara a las citas de estas semanas y en la idea de que a lo mejor era demasiado pronto para ponerse muy radical con esto del minimalismo, o natural running, o como quiera que se llame esta historia de ir quitando amortiguación, correcciones y drop, decidí comprar unas zapatillas más amortiguadas que las habituales y eficaces New Balance MT110 con las que llevo todo el año rodando. En concreto el modelo de la gama Minimus de New Balance 1010V2, quizás el menos minimalista de su serie de zapatillas de trail de este estilo. Craso error, amigo. Y culpa mía por no llevarlas suficientemente rodadas. Parezco nuevo. Empiezan a aparecer molestas rozaduras que al paso de Canto Cochino (donde me llevé la agradable sorpresa de encontrarme a mi tío Ricardo leyendo chips en el control) son algo más que molestas. Para colmo me han hecho ir pisando "raro" y el vapuleo de los 1200 metros de desnivel de bajada me han dejado las piernas al borde del bloqueo. Me siento y me pongo un Compeed en el pie más dañado. Pero ya es tarde. Me cuesta un mundo volver a ponerme en marcha mientras me sobrepasa un tropel de corredores. El tramo relativamente suave hasta el control de Charca Verde pone a prueba mi resistencia mental. Hay momentos que voy solo. Me da la sensación de que me he quedado el último. Aunque luego comprobaré que todavía hay, no muchos, corredores detrás de mí. Por momentos tengo ganas de volverme a Canto Cochino y retirarme. No puedo correr, cada intento de trote en las partes más favorables es una tortura para los pies. Y me queda lo peor: Otros 1200 metros de desnivel pero cuesta arriba. Decido seguir en modo senderista. Ya llegaré. Pasito a pasito. Sólo pienso en avanzar aunque sea a paso de tortuga y no parar en ningún momento. Mi única perspectiva es el siguiente paso. Me consuelo con que nada es eterno y todo fluye hacia el fin... Pero el camino hasta el Puente de los Manchegos, si no es eterno, se le parece. Allí me avituallo y sigo. Al mismo ritmo cansino hasta Guarramillas. Si subiendo me duelen los pies, bajando es aún peor. Por la Pala Montañeros, que las últimas ocasiones que he descendido lo he hecho brincando con alegría, no puedo más que andar y con mucho cuidado. Temo incluso llegar fuera de control. Me sigue pasando gente. El piso de la carretera supone un cierto alivio y vuelvo a trotar algo hasta la meta, ya casi desierta. Casi todo el mundo ha llegado hace bastante tiempo. Han sido cinco horas y cincuenta minutos muy sufridos. Ahora sólo me queda recuperar para la próxima y pensar muy bien qué me pongo en los pies: ¿Hacer el MAM o lo que pueda de él con mis MT110, con un par?, ¿volver a mis tradicionales Salomon XA Pro 3D que tan "gratos" dolores me dejan en la planta de los pies? En cualquier caso quedan descartadas las NB 1010V2, no tengo tiempo para hacerme con ellas y además y para colmo se han roto (¡en la primera salida por montaña en serio!) desprendiéndose dos tacos de suela Vibram de la parte trasera interior. Al departamento de devoluciones directamente.