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lunes, 29 de abril de 2013

ROCK´N´ROLL MADRID MARATON 2013 (XXXVI MARATON POPULAR DE MADRID)



Como ya anuncié en mi anterior entrada, este año me tocaba de nuevo MAPOMA, ahora rebautizado como Rock´n´Roll Maratón & 1/2 (y 10 km, y el año que viene ya que nos ponemos, 5 km...), una de las obras cumbre del masoquismo contemporáneo que más al alcance tiene un troticochinero del Foro como el que esto suscribe. Este año han refinado el tormento y han decidido prolongarlo con un prólogo y un epílogo para dejar claro que esto no es cosa de nenazas. Para empezar, cerca de una hora de lucha entre hordas de aguerridos corredores peleando por llegar a los camiones destinados por la organización para recoger las pertenencias y ropajes de los participantes y llevarlos a la meta de Retiro. Bien es cierto que el calor humano que desprendía la apiñada masa ayudaba no poco a sobrellevar la gélida temperatura y a hacer más llevadera la espera hasta el banderazo de salida. Si es que nos quejamos de vicio... Vease como las redes sociales hierven de indignación ante esta gentileza de la organización, si es que tiene que haber gente para todo. Y luego a la llegada, pues otra dosis de sutil y placentero castigo por si los cuerpos de los maratonianos no habían tenido suficiente juerga con los 42.195 metros de continuas subidas y bajadas del circuito diseñado por algún émulo del Marqués de Sade: Yo he tardado cerca de 50 minutos en poder salir del corralillo destinado a hacer cola en plan soviético, en fila de a uno, para recoger el avituallamiento de llegada (tan necesario para gente débil y sin voluntad), luego recoger la ropa en el camión correspondiente y después poder salir casi al final del Retiro para volver a recorrer a la inversa este extenso y bello parque en el centro de Madrid y, a trompicones y maltrechamente, poder llegar al Metro. Lo dicho, esto no está hecho para quejicas y pusilánimes. Otro año, al que no le guste, que se vaya a correr un maratón llanito y con comodidades a la medida de corredores sibaritas y sin capacidad de resistencia (sin salir de España, dicen que Sevilla, Valencia o Barcelona).

Gran mogollón de salida

En lo personal, al margen de los goces descritos previamente, pues ha sido una carrera que ha discurrido según lo previsto y con sensaciones bastante buenas hasta lo que para mí ha sido el verdadero comienzo del maratón, este año más o menos en el kilómetro 36. Luego, pues a gestionar las ganas de pararse y entrar a tomarse una caña en alguno de los muchos bares del Paseo Imperial-Embajadores-Atocha y sus interminables pendientes. Supongo que el encontrarme con mis límites en kilómetro tan avanzado para lo que suelo ha sido debido a que, ¡por fin!, a la cuarta participación en MAPOMA, o como se llame ahora, ha hecho un día fresquito de verdad,con 3-4º C a la salida y no más de 10 º C a la llegada, y con viento en las zonas más desprotegidas por los edificios. Ideal.  Como era previsible, dada la masificada salida y la mezcla de corredores de las 3 distancias en liza, los primeros cinco kilómetros me han servido para calentar y me han salido más lentos de lo previsto dado que, más que retenerme yo, me retenían corredores aún más lentos que servidor. A lo mejor si hubiera empezado más rápido, el maratón en vez de empezar para mi en el km 36 habría empezado antes. Quién sabe. El caso es que los kilómetros han ido cayendo sin casi darme cuenta por un recorrido que, a lo mejor por lo familiar que ya me va resultando, esta vez hasta me ha parecido abarcable y me ha permitido irme fijando metas parciales como estrategia mental para no desfallecer ("venga ahora hasta Plaza Castilla", "un empujoncito más y ya estamos en la Gran vía", y así). Otra cuestión es que he ido casi toda la carrera con el crono- GPS apagado (la batería que se muere) y no he tenido referencia de tiempos casi hasta la meta. In situ, ni idea de cómo he pasado por la media, ni por el 32, ni nada de nada. Bonita sensación pues tan sólo me he preocupado de escuchar a mi cuerpo, y aunque me ha llamado de todo menos guapo, sobre todo mi rodilla izquierda que me ha dado la lata (o se la he dado yo a ella) casi desde el principio, me he ahorrado un estrés innecesario. Viendo los tiempos publicados por la organización he comprobado que he hecho la segunda media, mucho más dura especialmente en Madrid, tan sólo un par de minutos más lenta que la primera. Supongo que será por la euforia que me ha invadido momentáneamente por la Casa de Campo y algo después y que han compensado la caída brutal de ritmo de Alfonso XII y Alcalá. Al final, aunque hasta la tarde y con la publicación de los tiempos netos no lo he sabido, he conseguido el objetivo y he bajado por primera vez de 4 horas. Por los pelos, 3:59:00, pero lo que conseguido. Y eso que el tiempo bruto que he visto al pasar por meta era de 4:09:13. Esta claro que he salido muy atrás. Con suspense pero he logrado superar esa primera barrera de todo maratoniano. No sé si superaré más, a estas horas mientras escribo siento una pereza infinita, pero nos vamos conociendo y seguro que pocos días pensaré de nuevo en meterme en camisas de once varas. De momento, el 19 de mayo, otra vez el Cross Tres Refugios. Aiiiinsss.... ¿quién me mandaría a mí?... 

Y ya para finalizar esta croniquilla subjetiva hacer mención a tres detalles:

- Creo que este año la animación de la gente de Madrid, sobre todo con respecto a otros años, ha sido espectacular. Salvo zonas algo desangeladas por la zona Norte y partes de la Casa de Campo o del Parque del Oeste en general nos han arropado y animado como nunca. Y mira que hacía una rasca que para qué.

- El rollo este que se han inventado del mezclar Rock´n´Roll y Maratón pues hombre, supongo que habrá contribuido algo a cierta mayor afluencia de público en los puntos donde había grupos y escenarios pero a mí particularmente, dado lo inevitablemente fugaz de la escucha de las bandas, como motivación o animación de cara al corredor me ha resultado prescindible, más vale que cuidaran más otras cosas. Aunque he de decir que el paso por la Plaza de Callao coincidiendo con el riff inicial de Highway to Hell los AC DC que estaba tocando el grupo allí ubicado ha hecho que la bajada por Preciados hasta Sol la hiciera con un especial entusiasmo.

- Una pequeña digresión técnica, aunque tengo poca o ninguna autoridad al respecto. Mi primer maratón lo corrí con unas zapatillas NB de máxima amortiguación (creo que eran las 1062). Acabé con grandes dolores en las rodillas y en las articulaciones de ambos pies y se me manifestó una periostitis en  los siguientes días que terminó remitiendo con reposo. Como he comentado en otras entradas del blog llevo desde enero corriendo, al principio alternando con amortiguación, con unas zapatillas poco amortiguadas y con menos drop que las que usualmente utilizaba. No son nada radical, incluso seguramente sean heréticas para los minimalistas al uso (Asics Volt 33), pero para un biotipo pesadote como el mío y con una pisada algo rara (¿prono?, ¿supino?, ¿ninguna de las dos cosas o una cosa con cada pie?, hay opiniones encontradas) sí suponen un gran cambio que me ha obligado a cambiar la manera de correr estos meses pasados. He cometido la burrada de correr este maratón con ellas (ya las había utilizado en la Media de Madrid ) y a día de hoy, han pasado pocas horas, mi musculatura está mucho menos cargada que tras mis anteriores maratones. Los dolores en las rodillas tras muchos kilómetros no han sido mayores que con zapatillas amortiguadas (NB 1062, Saucony Echelon 2, Adidas Ride 3) y hoy ya puedo subir y bajar escaleras con normalidad. ¿Nos estarán tomando el pelo con tanta tecnología a precio disparatado?, ¿estaré abonando el campo para futuros problemas articulares y oseos y esto que describo no será más que un espejismo? No lo sé, el caso es que de momento me encuentro mucho más agusto corriendo así, de forma supuestamente más natural. Seguiremos informando.

miércoles, 20 de junio de 2012

XVI MARATÓN ALPINO MADRILEÑO (MAM 2012)


Al final lo hice. Tras varios años de mirar de reojo y con admiración mezclada de sana envidia a los participantes del Maratón Alpino Madrileño desde la salida del Cross del Telégrafo, carrera más a la medida de mis escasas facultades, llegó el momento de enfrentarme a la bicha. Así, algo irreflexivamente y con toda seguridad de forma precipitada vistos mis precedentes este año en la montaña (sólo he hecho el Cross de los Tres Refugios y la temporada de asfalto tampoco ha sido para echar cohetes),  me lanzo a la aventura. Por ello esta va a ser una crónica desde la parte más menesterosa del pelotón, desde allí donde lo que importa es pasar a tiempo por los puntos de corte de los distintos controles, desde donde a veces nos situamos más cerca del senderismo que de las verdaderas carreras de montaña, desde donde se siente el aliento en el cogote de los corredores-escoba.

Peñalara y la Loma del Noruego desde las cercanías de Guarramillas, allá vamos.
Parto de varios datos para montar mi estrategia de cara a la carrera y de un único objetivo, acabar con salud. El primer dato objetivo es que dan 9 horas para acabar: ¿Será mucho?, ¿será poco? , no tengo muchas referencias así que habrá que ir viéndolo sobre la marcha. Otro dato es que mis rodillas y músculos están poco acostumbrados esta temporada al terreno de media-alta montaña que me espera. La calamitosa bajada de Guarramillas del Cross 3 Refugios hace un mes así lo atestigua. Decido recuperar mis viejos bastones arrumbados en el trastero para descargar el cuerpo y repartir las cargas y a la postre no me arrepentiré, creo que han sido la clave de mi carrera. A tener en cuenta es por supuesto mi total inexperiencia en la distancia al ser mi primer maratón de montaña, no conozco bien mis límites y ante la gran probabilidad de reventar en algún punto (asunto problemático en este tipo de carreras) debo mantener una disciplina mental absoluta para no forzar mis umbrales de esfuerzo y minimizar esa probabilidad dada la kilometrada de la que se trata. Acabo con unas pulsaciones medias de 147 ppm, lo cual dice bastante sobre lo bien que me he portado conmigo mismo. Además no he pasado por ningún momento especialmente difícil. Bien, pero a la próxima me tendré que dejar de delicadezas y darle más duro, que esto es una carrera. Pero otro año. Más datos: Calor, se prevé que va hacer bastante calor, y yo tiendo a sudar cual pollo y por tanto a deshidratarme con facilidad. Solución: Cargar con abundante bebida toda la carrera para no sufrir entre los surtidos avituallamientos que gentilmente ha dispuesto la organización, así que mochila con bolsa de hidratación con agua y botella con bebida isotónica al canto y, ya que me pongo, geles, barritas y hasta jamón. Voy más cargado que si fuera con los niños a la playa, pero no me arrepiento, no paso ni hambre ni sed.

Llegando a Guarramillas.
Con todo ya decidido y tras semanas de incertidumbre, nervios y puro miedo me levanto a las 5:00 y a las 7:00 estoy en Cercedilla donde me encuentro con Jesús, un maquinón al que perderé la pista al poco de salir. A las 8:00 y sin mucho preámbulo y tiempo para pensar dan la salida y enseguida me meto en faena. Yo a lo mío, despacito y buena letra. Trotecito donde la pendiente lo permite y a caminar donde noto que se me acelera demasiado el pulso. Enseguida rompo a sudar. Pero voy cómodo. La ascensión hasta la estación del Puerto de Navacerrada ("terreno para correr y disfrutar" dice la organización) es muy agradable y permite ir cogiendo el ritmo y calentando.  El terreno de buenos senderos, pinos, helechos y múltiples arroyos resulta delicioso. Lo disfruto. Mucho más que cuando se hace el Cross de Telégrafo, que saldrá después que nosotros, pues se va a un ritmo más bajo (por la cuenta que le trae a uno). Poco antes del puerto, primer avituallamiento que no desprecio, se acaba lo cómodo y empieza lo bueno hasta culminar la dura ascensión a pico hasta el alto de las Guarramillas (2.258 m). El primer coloso del día lo supero bien, sin agonía. Han sido unos 10 km y 1.000 metros de desnivel.  Llega el primer descenso largo por la Loma del Noruego hasta el puerto de los Cotos. Otros 5 km para correr y disfrutar. No me cebo, simplemente me dejo caer para no cargarme. Esta es de las pocas zonas del recorrido que no conozco, me gusta. Me recreo con las bellísimas vistas en todas direcciones. Alcanzo a ver los Tubos de Cabezas y no puedo dejar de preguntarme cómo llegaré hasta allí varias horas más tarde.


A Peñalara.
Llego al primer paso por Cotos en unas 2 horas y 20 minutos. Se supone que cierran el control a las 2 horas y 45 minutos, con lo cual llevo un cierto colchón de minutos pero tampoco me puedo dormir. Mientras como y bebo algo en el avituallamiento llega la cabeza de carrera, impresionante. Me quito la boina. Sin más dilación empiezo el segundo ascenso relevante del día nada menos que a la cima de Peñalara (2.428 metros), techo de la Comunidad de Madrid. Sé que es una subida relativamente amable, pero el cuerpo ya va algo castigado y no sé cómo reaccionará. Redoblo mi actitud prudente y subo algún punto por debajo de lo posible, y hago bien pues sigo disfrutando y voy teniendo la certeza de que, salvo imprevisto o accidente, aquí tampoco reventaré. Ya pienso que lo importante ahora es llegar entero al pie del mítico paso de los Tubos de Cabezas. Y a ello me aplico pasito a pasito. Cumbre. Al descender me cruzo con los corredores escoba que suben. Lagarto, lagarto. El segundo paso por Cotos lo hago en 4 horas y 7 minutos. Ahora el colchón de minutos es de algo menos de 40. Bien, me tranquilizo algo. Ha pasado el ecuador de la carrera (km 25) y hago evaluación de daños: No me duele nada y tengo ganas de seguir. Pues adelante. Este es el auténtico punto de no retorno de la carrera y hay que avanzar con decisión. No se me antoja que haya muchas vías de escape una vez metidos en faena en la ascensión a Cabezas de Hierro. La transición a la tercera  y decisiva escalada del día nos va generando algo de ansiedad a todos. En cuanto nos damos cuenta estamos en medio del paredón. Los casi 600 metros de desnivel entre Cotos y la cumbre de Cabeza de Hierro Menor (2.383 m.)  se salvan en poco más de 2 kilómetros. El terreno es totalmente montañero. Canchales, senderos difuminados entre piedra suelta y tierra, fortísima pendiente. Un arroyo que se despeña. No me queda más remedio que poner paso de himalayista y ganar centímetro a centímetro a la pendiente. Sin prisa pero sin pausa. Un fila de corredores delante y detrás mía agoniza, algunos se retuercen de dolor en el margen de la senda con sus músculos rendidos por el esfuerzo y la deshidratación. Palabras de ánimo. Se gana bastante altura con cada paso, es lo bueno. Bendigo la decisión de subir con bastones. La subida se suaviza súbitamente en un hombro previo al ciclópeo amontonamiento de bloques que es la cumbre de Cabeza de Hierro Menor. Hay aquí situado un oportuno avituallamiento con agüita fresca del manantial que mana de las entrañas de la montaña. Lo que sigue es ya reptar entre bloques graníticos de todos los tamaños. Afortunadamente son bastante estables y, al tener que ayudarse uno con las manos para superarlos en ocasiones, las piernas descansan  algo y se sube, en mi opinión, menos penosamente que por el terreno suelto de más abajo. Un empujón más y ya estoy en la bandera pirata de la cumbre. Kilómetro 29 y llevo algo más de 5 horas y 50 minutos. Las dificultades principales ya han pasado, de momento me encuentro bien, sorprendentemente bien incluso. Empiezo a pensar que puedo acabar en tiempo y forma.


En plenos Tubos de Cabezas

Peñalara, de allí venimos.

La cosa se pone pina.

La canchalera final.
Quedan unos 14 kilómetros, 6 algo pesados para mi gusto a estas alturas hasta el puerto de Navacerrada por el trillado sendero que recorre toda la Cuerda Larga y supera las lomas del Cerro de Valdemartín (2.280 m) y de nuevo Guarramillas, cuya pestosilla y empinada bajada espero con aprensión. Por el técnico tramo inicial de descenso de Cabezas me uno a un corredor que será mi compañero ya hasta la meta y que hará que en animada charla vayan pasando los kilómetros de forma más llevadera. Por fortuna, y aunque ya ha pasado el mediodía y el sol aprieta, a estas alturas el viento sopla con intensidad y la sensación no es demasiado asfixiante. Lo suyo hubiera sido apretar sobre todo en las prolongadas bajadas para mejorar el tiempo final, pero entre uno y otro al final nos relajamos y finalmente nos dejamos llevar por cierta pereza empleando quizás demasiado tiempo en negociar esos kilómetros finales. Me da tiempo hasta a recrearme de nuevo en los bosques por debajo del puerto de Navacerrada, a refrescar con gran placer mis pies en los helados arroyos que atraviesan los caminos, en fin, a olvidarme un tanto que esto es una carrera. Finalmente, pasamos los Campamentos,  llegamos a la altura de la presa  cercana a Cercedilla y ya vemos las primeras casas del pueblo. Escuchar cada vez más cercana la megafonía de la meta, nos espolea algo. Una última curva y la meta aparece ante mis ojos. Fin. Me ha sobrado tiempo, 8 horazas y 19 minutos. Me encuentro algo cansado pero feliz. Ha sido una experiencia intensa y además ha discurrido más o menos según lo planeado. Estoy satisfecho conmigo mismo, otro año el objetivo será no llegar de los últimos, pero esta año he saboreado una gran carrera con una gran organización. No me olvido de todos los voluntarios que han pasado tantísimas horas esperando a que lleguemos calamidades como yo. Gracias.


Con mi compañero de fatigas al segundo paso por Guarramillas

Entrando en meta

Perfil de la carrera
 Clasificación de la carrera

La carrera en mi GPS





miércoles, 27 de abril de 2011

XXXIV MARATON POPULAR DE MADRID


Foto realizada por Krisia M,

Inaguro mi blog con la actividad de ocio que más tiempo me ha ocupado en las últimas semanas. Tras unos escasos 600 km desde enero, aquí estoy a las 9:00 del día 17 de abril, domingo de Ramos, a la salida de MAPOMA por tercer año consecutivo. Si es que no aprendo, pero no sé que tiene esto que va llegando la fecha y un impulso irracional me empuja a intentarlo una vez más. Hubo una primera ocasión en la que fui metódico y conseguí el objetivo, una segunda en la que fui muy poco metódico y comprometido y lo pagué: MAPOMA y el calor pudieron conmigo. Este año digamos que la cosa ha estado entre medias de los dos extremos: Preparación a base de rodajes de distancia media (10/12 km) dos o tres veces a la semana y uno un poco más largo el domingo (máximo 23 km) con un par de semanas de entrenamientos testimoniales gracias a la gripe. ¿Ritmos? Mejor no hablamos. Con este escaso bagaje llego y, lógicamente, las dudas me asaltan. Objetivo realista, acabar y punto. Si no acabo, pues no pasa nada. Otra vez será y he disfrutado una vez más del ambiente de esta carrera inigualable. ¿Táctica? Correr "a pulso", adaptar mi ritmo a las pulsaciones que sé que van a permitir a mi cuerpo aguantar mucho tiempo sin tumbarle (155 ppm de máximo), y rezar que mis rodillas respondan a más de 4 horas de machaque asfaltero.

Pues bien, aquí estamos y lo pasado ya no tiene remedio. 42 kilómetros y pico por delante que, da igual que ya no sea la primera vez, imponen. Me coloco más o menos a cola de pelotón, por detrás de los carteles de 4,30 h, que no es cuestión de estorbar a los mejor preparados y dotados que uno. Y a correr, o trotar. Hace fresco, se agradece, esto no parece que vaya a ser el infierno del año pasado. Castellana arriba de calentamiento, rodeamos el Bernabeu supongo que para redondear la distancia. Los primeros cinco kilómetros y el primer avituallamiento líquido llegan enseguida. Bebo, metódicamente bebo en todos los puntos de hidratación.  Transitamos por calles apacibles en las que se respira tranquilidad dominical. Parada técnica en un parque a la orilla del larguísimo pelotón de trotones. Muchos veteranos a mi alrededor con pinta  de llevar unos cuantos maratones en sus piernas. Ritmo pausado, comentarios recomendando prudencia. Queda un mundo. La BRIPAC, siete u ocho chavales entusiastas con su banderín a cuestas, de vez en cuando se animan a cantar canciones cuarteleras. Una chica con una malla corta decorada toda ella con la Union Jack y camiseta del Rock´n´Roll Marathon de Las Vegas me recuerda que quizás este sea el último MAPOMA como tal. Habrá que disfrutarlo. Kilómetro 10 a la altura de Príncipe de Vergara y sus toboganes ¿hay alguna carrera en el  Madrid  céntrico que no pase por aquí? Desde República Argentina siempre maravilla ver la multitud colorida que invade toda la calle Raimundo Fernández Villaverde hasta Cuatro Caminos. Subidita que va acumulando fatiga sibilinamente, ("controla, hay que economizar fuerzas a toda costa"), distancia todavía familiar. Bajamos hacia Argüelles, esta es la parte más fácil de la carrera. Control, control. Guzmán el Bueno, las Glorietas, Fuencarral. Todo Madrid para nosotros.¡La Gran Vía!, ¡Sol! Una multitud animando en Mayor. Se intuye la Casa de Campo, pero antes nos escamotean la plaza de Oriente al meternos por el túnel. Cuestón de propina para salir. Al menos ha servido para que muchos alivien la vejiga sin pudor. Ferraz y la Media Maratón, voy bien dentro de lo que cabe. Evalúo y no me duele casi nada. Pulsaciones bajo control, respiración natural. Pero aquí empieza la carrera, por lo menos para mí.

Bajada machaca-cuádriceps hasta el puente de los Franceses. Encuentro algo desolado el Parque del Oeste. La Casa de Campo acecha cada vez más cerca, se huele. Antes como prólogo, la avenida de Valladolid, que siempre se me hace eterna. El año pasado fue el primer clavo de mi ataud atlético. La multitud jalea en Príncipe Pío y uno se anima un poco. Entrando en la Casa de Campo me como un gel, que empiezo a tener gusa y a estar algo cansado. Las rodillas las noto, estamos aquí me dicen. El corazón sigue a su bola, tic-tac. Cuestaza que se me empieza a parecer al Tourmalet. Ritmillo y superada. Sé que sólo es un aperitivo. Los más o menos 7 km de bosque son creo la clave de la carrera, más por acumulación de fatiga que por orografía, que es casi llana. Si logro salir indemne sé que voy a acabar, como sea. 

Salgo con las rodillas hirviendo, me duele el dedo gordo del pie derecho. Pero logro superar la cuesta de salida de la Casa de Campo y el km 32, donde el año pasado claudiqué. Tengo fuerzas, me han subido algo las pulsaciones pero voy sin demasiada fatiga. Es una lucha contra el dolor y contra el cuerpo que se quiere poner rígido. Me he hidratado bien, creo, pero empiezo a tener algún leve calambre. El tiempo se curva, el espacio se estira. Y viceversa. Cada vez más gente camina. Tentaciones.¡No! Cementerio de San Isidro, Vicente Calderón. Estamos en el río y hay que subir hasta el Retiro. Por momentos me cae encima todo el cansancio del mundo. Renazco, decaigo. La vida en miniatura. Paseo Virgen del Puerto. Hay terrazas. Mesas a la sombra. Comensales con dorsal. Más tentaciones, ¡tampoco! "Sólo" quedan 7 kilómetros, los que hacen tan especial este MAPOMA. 

Doblamos la curva y arriba nos domina el Viaducto, paraíso castrado de suicidas. Demoledora la cuesta de la  calle Segovia. La supero a duras penas con un trote cada vez más cansino. Nueva curva y enfilamos al Retiro. Paseo Imperial, Pirámides, Embajadores, todo cuesta arriba. Clic. Me uno a los caminantes. Vuelvo a correr un poco, calambres. Andar. Leve trotecillo en lo poco llano que hay. A lo lejos vislumbro los tejados del Ministerio de Agricultura en Atocha, antesala de la Gloria, digamos que el Purgatorio. Alfonso XII, ya en la valla del Retiro. Me reafirmo en mi republicanismo.  Km 40, no queda "ná" pero qué duro. En el 41 me coge, a ritmo metronómico, el globo guía de las 4,30 h. al que había adelantado en la media maratón. Acelero con las pocas fuerzas que me quedan en la entrada del Retiro para por lo menos hacer airosa la llegada. Mil arcos publicitarios, al fondo, tan lejos y tan cerca, brillan las luces del cronómetro de meta. Fin. A beber. Llamo a casa a decir que he llegado bien. Me alegra haber acabado, he cumplido el objetivo en 4:22:14 de tiempo neto de esfuerzo llevadero dentro de lo que cabe. Pero lo disfruto con calma pasadas unas horas, en este momento el placer se reduce a ausencia de dolor.