martes, 16 de agosto de 2011

Cabeza Nevada o Mogota del Cervunal (2.433): Lo salvaje.

Primera visión de Cabeza Nevada al rato de salir
Si lo tuyo son las montañas solitarias, las rutas fuera de sendero, los esfuerzos perseverantes y sin tregua y no le tienes miedo al dolor, si quieres sentirte como Jeremías Johnson por unas horas, esta es tu montaña. La recompensa está garantizada, pero este no es monte para pusilánimes. Entiéndaseme bien, dificultades técnicas no hay, en verano es ruta para excursionistas como yo, pero está lejos, las sendas, cuando las hay, son difusas y fáciles de perder, en muchos momentos se navega largo rato entre escobas y piornales, a veces se avanza a tientas y hay que volver por donde se ha ido para encontrar el mejor paso. En fin, una delicia para adictos a hacer el cabra.



Tras un viaje en gran parte nocturno me planto de buena mañana en el delicioso pueblo de Navalperal de Tormes. Después de alguna vuelta, encuentro atravesando la calle central del pueblo la carreterita que en menos de un kilómetro lleva al aparcamiento al lado del puente del río Tormes. Cruzo el puente y tomo la pista hacia la derecha. La ruta, que lleva al Circo de Cinco Lagunas, está señalizada con palitroques. Voy trotando en suave pendiente, cruzo un puente, sigo subiendo y, de repente, las señales se pierden en un prado entre charcos y un arroyo. Ando buscando una bifurcación, a un lado a Cinco Lagunas, al otro a la Laguna Grande, para, según mi guía tirar por la calle del medio, es decir, por la cuerda que parte de un chozo y separa la garganta del Pinar de la de Gredos. El caso es que no lo veo. Primer embarque. Avanzo (¡jamas retroceder!) entre prados y senda difusa al lado de un río.  Me estoy metiendo de lleno en la garganta del Pinar, que baja de Cinco Lagunas. Por aquí, en teoría, no es. Pero como el rumbo es claro, decido avanzar. La garganta se va cerrando, el sendero desaparece, el terreno junto al río se hace difícil. Solución: Tirar monte a través y subir a la loma de mi izquierda. Intuyo que por allí debe ir la senda. Me encuentro con el primer macho cabrío solitario del día. Me mira como diciendo, "¿y a este que se le perdido por aquí?", eso digo yo. Tras un rato subiendo y avanzando por la garganta, entre pedruscos ocultos y traicioneros y vegetación cerrada, de repente encuentro la senda. Este tramo me sirve como introducción a lo que me espera.

Cabeza Nevada y Circo de Cinco Lagunas una vez recuperada la senda

Por la ladera de la izquierda he subido

Por aquí la senda es un placer, va llaneando por el fondo del valle con mi objetivo y el circo de Cinco Lagunas al fondo. Avanzo un rato y voy rumiando que por aquí no es, que tengo que ir por la loma de mi izquierda a ganar la cuerda que me conducirá a Cabeza Nevada. Estoy en la garganta del Pinar y si sigo llegaré a Cinco Lagunas. Decisión drástica, abandono el camino (¡snif!), giro a la izquierda y tiro directo para arriba hasta la loma. Se acabo trotar, esta no es montaña para ello. La subida es pestosilla: Escobas, piornos, más piornos, hierba alta, pedruscos.... En un rato gano la cuerda y ya veo claro por dónde debo ir. Avante hacia el pico, que aquí lo domina todo. Seguimos sin senda, pero el terreno está medianamente despejado y se avanza bien. Se pasan un par de lomas suaves y una bajada nos deposita en la turbera, cruzada por arroyos, algunos secos, donde se asienta la laguna del Cervunal, también seca, y el refugio del Novillero. Lo que queda es propiamente el ataque final a la cumbre, que se levanta inmensa ante mis ojos. Hay que buscar un collado que se ve claramente entre una crestecilla (pico del Novillero, 2.194 m, y un par de cotas sin nombre) y la pedrera final de acceso a la cumbre. 

La Garganta de Gredos, por donde luego volveré, desde la loma

La cumbre, ya más cerca

La laguna (seca) del Cervunal

Parece que está ahí, pero queda la parte más dura (y por qué no, puñetera) de la ascensión. Unos 600 metros de desnivel a salvar del tirón y literalmente como se pueda. Se trata de sumergirse entre los escobares a buscar el mejor paso y en la medida de lo posible progresar por las pedreras que salpican la ladera. Llego tras muchos sudores a la cresta previa al collado. Lo lógico parece encaramarse a las rocas y avanzar hacia dicho collado, así lo intento, pero aunque no parece difícil no sé lo que me voy  a encontrar y retrocedo. Voy solo y no es cuestión de tentar a la suerte. Me desespero un poco, si bajo malo, otra vez a sufrir entre los arbustos después de llegar hasta aquí, si sigo tampoco lo veo claro. Al final voy flanqueando al pie de las paredes, incluso veo algún hito suelto que habrá puesto un alma caritativa. ¡Llego al collado! El último obstáculo es la empinada pedrera final a la cumbre. Después de lo pasado parece pan comido, el terreno es noble, los bloques, de todos los tamaños, son firmes. Un último empujón y llego a la cumbre, amplia y despejada.

Un compañero en plena faena, la promesa de la cumbre al fondo
Se le da bien subir por aquí
Me vuelvo
Terreno despejado hasta el collado
Llegando a la cumbre, una revelación.
Han sido cuatro horas sufridas, con algún momento de flaqueza psicológica, pero el panorama que se abre ante mis ojos es espectacular. Cabeza Nevada cierra el circo de Gredos por el norte y es un mirador de primer orden: El Almanzor, La Galana, el Circo de Cinco Lagunas, el Cerro de los Huertos, Risco Moreno, Los Hermanitos. No hay palabras: "El corazón pétreo de Castilla" dijo Unamuno. Catedralicio ámbito sagrado de la naturaleza, con sus torres, arbotantes y contrafuertes que se elevan hacia los despejados cielos de estas tierras. Unas imágenes valen más que mil palabras:

El Almanzor
El Morezón, Los Hermanitos, Cerro de los Huertos, Risco Moreno
El Almanzor y la Galana
Cinco Lagunas
 En la cumbre me encuentro con un nutrido y simpático grupo de montañeros de Casillas que han subido desde el circo. Se agradece alguna presencia humana tras ir por parajes tan solitarios. Para volver me aconsejan ir por Cinco Lagunas, más corto y "civilizado". Al final, tras sopesarlo, decido no cambiar mis planes y volver por la Garganta de Gredos, que es por donde he avisado que volvería, por si acaso. Inicio el descenso por la al principio ancha cresta que se dirige hacia el sur. Al poco se estrecha. Se sigue unos metros por el filo y se da un paso algo aéreo, pero enseguida se baja hacia la izquierda por un leve trazado que flanqueando la arista termina llevando a un primer portillo, el del Pluviómetro (2.332 m.). Si seguimos la cresta llegaremos a la portilla del Rey, por donde pasa el sendero a Cinco Lagunas que parte de la Laguna Grande. Decido bajar directamente a la izquierda por fuerte pendiente de terreno descompuesto y herboso a tramos para coger una senda que en amplias zetas lleva a las praderas del Gargantón, donde se junta con el camino de la portilla del Rey.  Nos vigilan el Risco Negro y el Cerro de los Huertos. Este es buen sitio para coger agua, que corre limpia y cristalina. En primera instancia pienso en bajar directamente por el Gargantón pues se junta con la Garganta de Gredos y ya que esto se está alargando más de lo previsto así podría tardar algo menos. Pero ni el mapa ni algún montañero que anda por ahí me dan una referencia del terreno que me puedo encontrar, así que para evitar males mayores voy por la ruta "oficial" que remonta cómodamente por senda a ratos hasta empedrada al Collado del Gargantón. Es la puerta de entrada al circo de la Laguna Grande, a la que se llega al poco a su desaguadero.

Cabeza nevada desde el collado del Gargantón
El circo de Gredos desde el desaguadero de la Laguna Grande

 Aquí se trata de buscar la senda que baja por la Garganta de Gredos, en la que ya me encuentro. Tras unos minutos de ir y venir entre grandes bloques y canchos encuentro unos hitos que, por la margen izquierda del torrente, ahora casi seco, bajan por su cauce.  Senda no hay, los hitos a veces se pierden, aunque en los tramos más conflictivos aparecen providenciales. Pero hay que andar atento pues es fácil enriscarse por las lanchas de piedra y los diversos escalones de la garganta. Las vistas hacia atrás y a los lados son espectaculares en este primer tramo. Tras el cierto bullicio de la zona de la Laguna Grande, aquí volvemos a las soledades. La garganta es larga, muy larga. Las horas van cayendo y no se ve el fin. A veces la progresión es laboriosa pues, como he dicho, se pierden los hitos y hay que ir y venir para evitar piornos y algún tramo complicado en los cauces de los arroyos que desembocan en la garganta. Pero en general se avanza bien, casi siempre por la margen izquierda. Supongo que si baja mucha agua será algo más complicado en algunas partes. Los panoramas al mirar atrás amenizan la marcha. El Mogote del Cervunal vuelve a aparecer como una mole inmensa desde aquí. Pierdo el contar de las horas y llego al primer punto de referencia, el puente de Roncesvalles, que tras tan pomposo nombre no esconde más que una pasarela de cemento donde se junta esta ruta con la senda que baja desde el Prado de las Pozas por la Garganta de las Pozas. Aquí bien es cierto que aparece una senda propiamente dicha, que es la que conduce de nuevo a la plataforma de Navalperal. El piso, al fin, es civilizado. Empiezan a aparecer prados entre bosquetes de robles, abandonamos la alta montaña. Todavía me queda meterme en algún marroncete entre piornos, no me vaya a pensar que esto iba a ser tan fácil al final, pero a la hora y pico llego al coche tras nueve horas y media de marcha (paradas incluidas) y 30 kilómetros de pateada a buen ritmo. Me llevo la sensación de que no tan lejos de una gran ciudad como Madrid todavía existen vestigios de un pasado salvaje. Acabo con más fotos.

La Garganta de Gredos, hacia adelante
La garganta de Gredos, una mirada atrás
Otra mirada
Cabeza Nevada, dominando la Garganta
Dejamos la alta montaña
Me vuelvo por el puerto de la Peña Negra, desde donde se tiene una de las mejores vistas de Gredos

La ruta en mi GPS

La ruta en Wikiloc



miércoles, 27 de julio de 2011

Montón de Trigo y La Mujer Muerta

El cordal de la Mujer Muerta desde Cerro Minguete (2.026)

Nueva incursión de este aspirante a "trail runner" por mi querida Sierra de Guadarrama. En esta ocasión aprovecho el puente de Santiago y me acerco a pasar calamidades a Cercedilla, puerta de entrada al sin par valle de la Fuenfría, auténtico jardín del Foro. Como casi siempre, madrugo para que me cunda más y a las 7:30 empiezo a trotar desde el Parking de Majavilán, vacío a estas horas y que se sitúa al final de la carretera de Las Dehesas. Estoy a unos 1.350 metros y, pese a la época del año, hace frío. Sopla, con cierta fuerza, viento del este. Esto me dificultará algo las cosas por ahí arriba, pero por otro lado me lo hará más fácil pues con lo que no puedo es con el calor.

Primera etapa: Subida al puerto de la Fuenfría (1.792 m.). La cosa no tiene mayor complicación. Se toma la carretera hasta el final, unos 100 m, se cruza una barrera, un puente, el del Descalzo, y se toma la calzada romana hasta un primer llano, el de los Corralillos, donde se sitúa el abandonado Chalet de Peñalara y cruce de caminos, senderos y pistas. Se coge el que va hacia el norte y por pedregoso camino va ganando altura hasta llegar a un segundo puente, el de Enmedio. Se traza una curva y vuelve a aparecer la calzada. En la segunda curva aparece un sendero bien trazado, con su inicio marcado con un cartel metálico, que gana altura paralelamente a la calzada. Lo tomo y al poco se llega al puerto. Hasta aquí he podido trotar más o menos. Arrecia el viento. No me entretengo y sigo por la loma de mi izquierda para ganar la cresta de la sierra en lo que será la primera cumbre del día, si bien ésta no es muy prominente. La senda, bien trazada por terreno al principio almohadillado y luego pedregoso, no da tregua y en unos 15 minutos nos deposita en el Cerro Minguete (2.026 m.). Enfrente se ve ya la siguiente cumbre, más llamativa, el Montón de Trigo (2.161 m.). ¡Cuantos recuerdos de tantas ascensiones con frío, calor, lluvia, nieve! Para mi gusto es el mejor mirador de la sierra y casi, casi del Sistema Central. Una foto:



Segunda etapa: Hemos llegado a la línea de cumbres, ahora toca crestear. Me entra el viento por el lateral, empiezo a tener frío. Mejor no parar. Bajo hasta el collado entre el Minguete y el Montón de Trigo (1.992 m) y enfilo la subida corta y bastante empinada y rocosa en su tramo final, pero sin dificultad (hay senda bien marcada), hasta esta última cumbre. He tardado una hora y diez más o menos desde el inicio. Entran nubes, sopla y sopla. Tiro para abajo por el canchal de bloques firmes hacia la senda que lleva al collado de Tirobarra.




La silueta de las cumbres de Peñalara y Cabezas desde las rocas del Montón de Trigo

Pasado el canchal se enfila la senda que, cómodamente y tras transponer una cota de 2.049 m., lleva a la explanada herbosa del collado de Tirobarra (1.984 m.), que dicen que recibe este nombre pues en ella los pastores de la zona, esta es montaña de vacas, se dedicaban al berroqueño y recio entretenimiento conocido en otros lugares de la sierra como "chito", que es una especie de juego de bolos con barras de metal. Es hora de afrontar la subida a la cumbre de La Pinareja, la primera de la sierra de La Mujer Muerta, así llamada por parecer una mujer yacente vista desde la lejanía. El sendero es evidente y de buen piso incluso llegando al casquete somital, que no es más que una acumulación de pedruscos. Al final, si se va con fuerzas, hasta merece la pena tirar directo para arriba saltando y trepando entre bloques. 2.197 metros según el mapa de Alpina, 2.194 según el I.G.N, 2.198 según mi GPS. En cualquier caso es el punto más alto de la ruta y donde más sufro las inclemencias del tiempo. El viento sigue siendo muy fuerte y la sensación térmica muy fría. No siento los brazos y el sudor hace que me quede aterido, ponerme el cortavientos se convierte en un "numerito" a lo Mr. Bean. Pues nada, a seguir corriendo.


Últimos metros antes de llegar a La Pinareja


Entran nubes

Tercera etapa. De la cabeza de la Mujer a su pecho, la Peña del Oso. Es la parte más entretenida. Se trata de salvar el paredón que defiende a la Pinareja por el SO siguiendo una quebrada senda por un canchal roto y que va más o menos pegada al muro. No hay complicación alguna pese a ser la única zona donde estas amables montañas fruncen algo el ceño. Aquí además estoy protegido del viento por la propia ladera. Luego la senda culebrea entre cotitas secundarias y en un periquete se llega a citada Peña del Oso (2.196 m.). Esta zona me encanta, al norte, Castilla inmensa, al sur los pinares extensísimos del valle del río Moros, Gredos y La Paramera en la lejanía. Algunas fotos:



Valle del río Moros


Hacia tierras castellanas


Bajada de La Pinareja

En la cima del Oso, adornado el vértice geodésico con un desgastado oso que se ha visto acompañado desde hace unos años de un osezno, sigue la tónica de viento desapacible. Echo un vistazo a lo que me queda para los pies de la Mujer, el pico de Pasapán, y sigo. La bajada es cómoda, pasa por un espolón herboso y llano, la Peña de la Apretura (2.051) que apenas sobresale del cordal, y llega al colladín previo a la breve subida final al pico de Pasapán (2.005 m.). Una última suave bajada entre prados, piornos y vacas y se acabó la Mujer Muerta en el puerto de Pasapán (1.846 m). Han sido 12 kms desde el coche cabalgando por las lomas, he tardado unas 2 horas y 50 minutos a mi paso de percherón. Paso revista a mi cuerpo, ya algo cansado y baqueteado. Todo bien. Menos mal, que hay que volver.  El puerto es una encrucijada. Si se coge la pista al norte, derecha según bajas, llegas a la estación de La Losa (opción para volver en tren a Cercedilla). Si a la izquierda, vas a coger la pista que recorre el valle del Espinar y, o bien tiras al oeste hasta el área de La Panera y la estación de El Espinar o, si quieres volver a Las  Dehesas como es mi caso, tienes que ir al fondo del valle a remontar la cuerda que lo cierra y  bajar luego a La Fuenfría. A ello vamos.


Los osos


Desde Oso, el cordal hacia Pasapán


La Peñota y la Peña de Aguila y el claro en el bosque por el que iré


Pinares de la garganta de El Espinar, al fondo Cueva Valiente y Abantos


Cuarta etapa. El regreso. Una vez en el puerto, lo dicho, se toma la pista a la izquierda y al poco se toma otra vez en un cruce el ramal de la izquierda. Se puede ir por la derecha pero se da mucha vuelta para llegar al mismo sitio. Todo cuesta abajo por pista. Llega un punto al rato en que de nuevo la pista se bifurca, tomar hacia la derecha por un cortafuegos que atraviesa un espolón bien visible y que acaba en un claro del bosque herboso (ver fotos anteriores). Aquí parece que acaba todo, y es verdad. Hay que tomar la pendiente de la izquierda sin miedo, fuera de sendero o camino alguno y, bosque a través por buena pendiente encontrarse como buenamente se pueda con la pista que atraviesa todo el valle y que nos llevará hasta el mismo pie del collado de Marichiva. La bajada es corta, unos 300 metros, y el bosque está limpio. Una vez en la pista tomar dirección este, izquierda según bajas, y adelante. Da gusto trotar entre los pinos con el fresquito que ha dejado ese viento tan molesto en altura. La pista es en general llana pero picando hacia arriba, salvo algún tramo de descenso ya cercano al embalse del Vado de las Cabras que cierra el valle. Una vez en el embalse y tras un par de kilómetros más rodeando los espolones que caen de la Peña Bercial, que se van haciendo algo largos, hay que tomar un claro camino a la altura de un puente que sube decididamente y sin descanso hasta el collado de Marichiva (1.753 m), que se abre entre la Peña del Aguila y la citada Peña Bercial. Se salvan unos 120 metros de desnivel en un kilómetro más o menos. Aquí me limito a caminar lo más rápido que puedo. Bajan ciclistas a toda velocidad, casi única presencia humana que veo desde que he salido. Por poco no me atropellan los tíos. Una vez en el collado la cosa ya está hecha. El descenso se hace vertiginoso, si tienes piernas, por la senda que sale del mismo collado señalizada con puntos rojos. En un momento dado las marcas se juntan con las blancas y amarillas del P.R. En el primer falso cruce de este P.R (aspa) tomarlo pese a todo si se quiere llegar lo más rápido posible al parking de Majavilán. Cuando llego, ya ha venido todo el mundo. Yo me escabullo. Han sido 22,5 km en unas 4,15 horas incluyendo paradas (3,46 en movimiento según el GPS) y unos 1.400 metros de desnivel positivo.


El Oso desde la pista




domingo, 10 de julio de 2011

Ruta excursionista: La Maliciosa (2.227) por Mataelpino

La Maliciosa al poco de salir del coche

Esta excursión la realicé el 29 de julio de 2007, ya ha llovido, pero dado lo discontinuo de mis actividades  en los últimos tiempos tiro de archivo pre-blog y publico esta entrada. Lo que sigue es literalmente lo que escribí en su momento en otro sitio:

 Ascensión a esta cumbre que había atacado decenas de veces por casi todas sus vertientes y bajo todas las condiciones metereológicas posibles. Por pereza o desconocimiento no había intentado nunca subir por esta cara sureste que, por otro lado, presenta un carácter bravío bastante atractivo.

Allá vamos

Pues bueno, elijo el domingo más caluroso del año, madrugo y a las 8 estoy andando. He salido desde la pista que parte de la llamada "Colonia de los Muchachos", a unos 200 m por una pista que se coge desde la carretera de Mataelpino a Becerril de la Sierra a la altura de unas antenas. La ruta se ve clara desde el inicio: La Maliciosa domina al norte y se trata de remontar el llamado arroyo de la Gargantilla por su orilla derecha. Al principio se salva poco desnivel y la senda es ancha y cómoda, ideal para ir calentando los músculos para lo que nos espera. Como a los 45´, a unos 1.500 m. de altitud al fondo del vallecillo, el camino se bifurca. Si se toma la senda de la derecha se asciende al Collado de las Vacas entre la Maliciosa y la Maliciosa Chica, luego volveré por ahí. La opción divertida es tomar los hitos que hacia la izquierda se dirigen de forma directa al paredón sur de Maliciosa.

Vista atrás




Por ahí se sube







Hasta ese momento ha sido un paseillo agradable a la sombra que forma a estas horas tempranas la loma de la derecha del valle. A partir de aquí se acaba la sombra y se salva casi todo el desnivel del tirón con la solana apretando en el cogote. Al principio hay  hitos que al rato se pierden a medida que el terreno se va haciendo incómodo por la vegetación rastrera, y los canchales que, eso si, son bastante firmes. La pendiente es fuerte en todo este tramo y el contraste de esta vertiente con el pinar de la parte de la Barranca, total. No hay un solo árbol en todo el valle, esto es el reino de la jara y el cantueso. En medio de la cuesta me sobresalta el ruidoso aleteo de una perdiz, la única compañía que tendré, junto a las lagartijas y las golondrinas, hasta la cumbre de La Maliciosa.

Nos vamos acercando a los paredones


Aguja
Hay un momento que los hitos desaparecen, hay que subir como se pueda en dirección a las paredes de la cara sur, no hay pérdida posible. Recomendación fundamental: Llevar pantalón largo si no se quiere acabar con las piernas hechas un Cristo como me ha sucedido a mí. Una vez alcanzada la pared se gira a la derecha y se traspasa un pequeño espolón para dar vista a una canal que se aparece como la única opción de salvar las paredes de roca que nos rodean . El corredor se asciende sin dificultad, tan sólo se apoyan las manos en algún momento. A la salida del mismo descendemos un poco por terreno fácil y vemos dos canales, una rocosa a nuestra izquierda y otra herbosa a su derecha. Cualquiera de las dos llega a la cresta cimera. Meterse por la de la izquierda. Yo me metí por la de la derecha, que me pareció más accesible y en buena hora. La lluvias de la primavera han dejado la hierba más alta y verde lo habitual en esta época del año y llegué arriba con una urticaria terrible. Pero llegué.

La primera canal


La segunda canal

Superado el obstáculo se enlaza con el sendero que viene de La Pedriza  y, en cinco minutos, se está en la cumbre. Me encuentro con otros grupos que ascienden por vías más habituales y con nubes espesas de mosquitos que se me pegan al cuerpo  y me echan del mojón cimero. La verdad es que este último tramo ha sido poco placentero. Digamos que el placer es retrospectivo. Atrás queda un desnivel cercano a los 1.200 m. en una distancia de unos 5 km que se hacen en unas 2 h o 2,15 h de corto pero intenso esfuerzo.

Maliciosa desde el Collado de las Vacas


Para el descenso utilizo el P.R. de la Pedriza hasta el Collado de las Vacas y una vez allí giro a la derecha cuando la senda inicia el pequeño ascenso hacia la Maliciosa Chica y la Cuerda de los Porrones. Por senda bien balizada voy al encuentro del cruce de caminos que vadea el arroyo de la Gargantilla y que esta mañana he tomado hacia la izquierda. Por la misma senda del inicio llego al coche en 1,30 h desde la cima.

Panorámica en el descenso

lunes, 27 de junio de 2011

Ascensión a Cabeza de Hierro Mayor (2.383 m) por la Tejea

Presa del Pradillo a la primera luz de la mañana



A falta de otra cosa que contar en el blog, este mi escaparate de miserias atléticas, voy a narrar mi escapada del domingo a la Sierra, y digo escapada pues de una huida en toda regla de la ciudad se ha tratado. Con cierto temor a los calores africanos que se anuncian para la jornada madrugo un montón y antes de las 7 y media estoy en el área recreativa de La Isla, unos kilómetros pasado Rascafría en dirección al Puerto de los Cotos. La temperatura es buena, unos 14º C, ideal para, presa como soy de esta manía contemporánea de ir corriendo a todas partes, echar a trotar por el sendero que sale de atrás del chiringuito del parking. Ya habrá tiempo más adelante para descubrir la lentitud. Rodeado de un espeso y fresco pinar tapizado de helechos y atravesado por arroyos que todavía bajan alegres, la cosa consiste en seguir hacia el oeste el sendero R.V.1, convenientemente señalizado con multicolores palitroques, durante unos 3 kilómetros. Empiezo a confirmarme que ha sido un acierto venir a estas espesuras del Lozoya, aquí ya conocido como la Angostura. A la altura citada nos encontramos con un cruce de pistas y hay que abandonar  las marcas de sendero y tomar la pista de la izquierda, ya con mayor pendiente pero perfectamente corrible hasta el final. Bosque, pista y más bosque. Muchos acebos, helechos, musgos y líquenes. Arroyos centelleantes. Centenares de pájaros cantando. ¡Qué bucolismo! Justo lo que venía buscando. El Peñalara asoma entre los árboles. Nadie, sólo yo y el sonido de mi corazón alborotado y de mis torpes pisadas.

El Peñalara

A los siete kilómetros y pico la pista de acaba de pronto, más o menos a la altura en que el bosque empieza a clarear y se toma un sendero borroso, pero más o menos evidente, que deja el arroyo Valhondillo a la izquierda. Se entra en el suave valle conocido como la Tejea de Cabezas de Hierro, territorio de verano de vacas y cabras montesas. Ahora no hay más que seguir el arroyo hasta el final, hasta la misma Cuerda Larga, en las inmediaciones de la cumbre del día, Cabezas de Hierro, en este caso la Mayor. El terreno ya alterna zonas de enebros rastreros (pican) con praderíos que se mantienen verdes. La pendiente es suave pero continua, con un par de escalones más pronunciados. Se sube bien, los más fuertes incluso podrán correr en muchos tramos. Yo subo animosamente pero al final, cuando el terreno ya cercano a la línea de cumbres se hace pedregoso empiezo a languidecer un tanto.  Y eso que este tramo me lo he tomado con calma, parando a hacer fotos y a ver el paisaje, pasando del aguerrido "trail running" al más pedestre, en el buen sentido, excursionismo.

Algunas fotos de La Tejea:

A la salida del bosque

Rocas

Arroyo Valhondillo

Praderas

Vista atrás

Casi desde Cuerda Larga

Una vez ganada la Cuerda Larga sólo queda el último y algo más empinado repecho que nos depositará en el mismo vértice geodésico de la Cabeza de Hierro Mayor. Aquí el paisaje ya es familiar. Peñalara enfrente, la otra Cabeza de Hierro, la menor, Maliciosa, los montes de Valsaín, la Pedriza, en fin... También detecto la primera presencia humana del día tras casi 2 horas y media y más o menos 1.200 metros de desnivel positivo. Y el calor, que se empieza a notar también. Madrid se asfixia entre la canícula. Hoy no llega el eco del mar a través de la Meseta (Vainica Doble). Repongo líquidos, como algo y para abajo.

Desde la cumbre, Cabeza de Hierro Menor, Valdemartín, Guarramillas.
La bajada es a pico. Hay que ir al collado entre las Cabezas, buscar el pequeño hombro que se forma al pie del casquete somital de la Cabeza de Hierro Menor y elegir entre bajar por las Cerradillas, hacia la izquierda, o por el Arroyo del Hierro también conocido como Los Tubos. En los dos casos la diversión está asegurada. Elijo el Arroyo del Hierro, un poco hacia la derecha, pues nunca he bajado (ni subido) por él. Es territorio de fama para alpinistas en invierno con nieve y hielo. En verano es una pedrera rota y empinada, con tramos hasta de tierra desnuda y muy resbaladiza. Terreno muy técnico para corredores. En cristiano, si no andas con ojo te puedes romper la crisma. Un par de fotos:


Espolón rocoso

Vista atrás
Despacito y buena letra se llega al límite del bosque, al mismo Arroyo del Hierro y no hay más que seguir bajando todo recto, ya de nuevo a la sombra de los pinos, hasta encontrar la pista del sendero R.V.1 de nuevo. El desnivel se pierde de golpe, 700 metros en menos de 4 km. Ya en la pista, se trata de tomar rumbo noreste y trotar, o andar, o ambas cosas durante unos 8 km hasta llegar, si no se toma ningún desvío, pues existe la posibilidad que a mí se me pasó de llegar al cruce de pistas de por la mañana, hasta la carretera de Cotos. 300 metros más hacia abajo y se llega hasta el Parking de La Isla. El recorrido es plácido, de nuevo en el sombreado bosque, siguiendo el río que baja todavía caudaloso, casi siempre en suave descenso. Aquí todavía es primavera. Pero al final se llega. Mucha gente en los chiringuitos, sillas de tijera, moscas, contenedores de basura. Otra forma de disfrutar. Yo me voy contentísimo, cargado de energía con la Creedence a todo volumen en el coche ("Born on the Bayou !!!!!").

La norte de Cabezas desde el límite del bosque

La ruta en mi GPS

La ruta en Wikiloc

martes, 24 de mayo de 2011

XXI CROSS DE LOS 3 REFUGIOS


Bajando por la Cuerda de los Porrones

Este si que es un camino a ninguna parte, del Puerto de Navacerrada a la Pedriza y vuelta. Sobre el papel, 32 km y 2.200 metros de desnivel positivo. ¿Y para qué? Supongo que para vivir momentos de los que cuesta olvidarse, para vivir unas horas de vida intensa. A ver si transmito esas horas desde mi punto de vista de corredor diletante y, casi siempre, corto de preparación para emboscadas como esta.

Me encuentro tempranito con mi tío Ricardo y con Jesús en el Puerto, descarto todos los achiperres que me he traido por si acaso, escuchamos la charla sobre el recorrido, que ya conozco de la edición pasada en septiembre, pasamos el control de chips y a correr. 80 metros llanos y para arriba. Asfalto hasta el puerto y luego a cuchillo hasta Guarramillas o Bola del Mundo. Sin tregua. Media hora viendo los pies del de adelante y primer control y avituallamiento. Ahora sí ¡a correr que es cuesta abajo hasta el collado del Piornal!, pero ¡hay piedras! Puf, no me acordaba. Me estoy echando a perder de no salir a la montaña, no pisaba verde desde diciembre. Le voy pillando de nuevo el aire sobre la marcha. Cuando me doy cuenta ya negociamos la subida algo más tendida hasta la Maliciosa, con calma, disfrutando del paisaje. Este año no se pasa por la cumbre, la soslayamos a la derecha. Se acabó la tranquilidad, pienso. Esta bajada hasta el collado de las Vacas me encanta, todavía me responden mis tobillos y rodillas y la disfruto a tope. Paso a Ricardo, que me cogerá más adelante un par de veces. Una vez en el collado y enfilando la cuerda de los Porrones se entra en terreno menos vertical, llano a veces y noto el "cambio de marcha" con cierta sensación de flojera en las canillas. Me siento algo inestable y, en efecto, en el tramo más fácil de toda la bajada me resbalo y me caigo. Nada grave, un par de rasguños en las piernas. Si digo que soy un diletante (vulgo "torpe") es por algo. Media ladera, bajada por el bosque, vistas inmejorables del Yelmo, cortafuegos, entrada en terreno algo confuso. Me adelanta Jesús, que va como un tiro de menos a más. Ya no le veré hasta la meta. Empiezo a notar una rozadura insidiosa en la planta del talón izquierdo ("con lo que queda todavía" pienso). A pocos metros de Canto Cochino, cataplof, otra vez al suelo. Esta vez ha sido hasta espectacular, pero afortunadamente tampoco ha sido nada, alguna heridilla de guerra que ahora contemplo mientras escribo. El tiempo de corte está en 2 horas y media, paso en 1 hora y 55 minutos. Bien.


El muro final del Ventisquero de la Condesa

En Canto Cochino me coge de nuevo Ricardo mientras bebo en abundancia pues ya se nota el calor a estas horas. Salgo con él hacia el corazón de la Pedriza. El Maestro recomienda calma después de la machacante bajada y le hago caso, además de por respeto a la experiencia, porque no me queda más remedio, mi cuerpo no da más de sí. Luego me acordaré del consejo. Avanzamos un rato por la Autopista trotiandando, al rato miro para atrás y no veo a mi tío. Pienso que me volverá a coger. En este tramo revivo, cuesta arriba no me molesta demasiado la rozadura y supero bien el aperitivo en forma de murete del Collado Cabrón, desde donde prefiero no mirar demasiado hacia el camino de retorno al Puerto de Navacerrada. Me dicen en el punto de control que voy en el puesto 188. Cómo molan estas carreras, vamos en familia. La bajada subsiguiente no es muy técnica, discurre por buena senda y va trazando cómodas zetas, pero empiezo a penar de verdad con la ampollita de las narices, lo cual hace que modifique la pisada con la pierna derecha y la rodilla empiece a avisarme con sospechosos pinchazos. Toca apretar los dientes. Llegada al control de Charca Verde tras un bonito tramo por senda junto al río Manzanares, que remontaremos hasta su mismo nacimiento. Este es el verdadero punto de no retorno de la carrera y donde la mente juega un papel fundamental, es más o menos el kilómetro 18, va uno un tanto macerado, y hay que subir hasta la Bola del Mundo, lo que supone subir unos 1.000 metros de desnivel en 8 kilómetros. Y hace un calor de narices...


Llegando a Bola, el tiempo ha cambiado

Mejor no pensar y ponerse piernas a la obra. El Manzanares baja rugiente, ya no le abandonaremos casi hasta el final. Hace un mes le cruzaba ya remansado y ornamentado en MAPOMA, ahora me desafía de nuevo en mi entorno favorito. Algún tramo de pista, el último donde corro algo, no mucho y se cruza el río por el puente del Francés. Próximo hito: El puente de los Manchegos, control y avituallamiento. La senda serpentea y va ganando desnivel poco a poco sin descanso. Simplemente camino al ritmo que buenamente puedo, casi no hay referencias, se sube encajonado por la garganta. El cansancio hace que me suma en un estado de cierta irrealidad. Vamos varios corredores en fila india y en silencio. Sigo el ritmo cansino del que me precede. Se nubla, me cae una gota, luego otra. Truenos y relámpagos por la zona de Cabezas. Se desata  una tempestad de granizo para darle ambiente a la cosa. En un momento dado relevo al andarín de cabeza. Nos alcanza el grupo de Ricardo. Voy en cabeza un rato con la sensación de ir frenando a los de atrás, pero no puedo ir más deprisa y además me estoy helando. Echo de menos el cortavientos que, hábilmente, me he dejado en el coche. Entramos en zona de vegetación alta y cerrada que contribuye aún más a empaparnos. Me releva Ricardo, al que veo fresco como una lechuga. Este hombre es increible. Intento seguirle y más o menos lo consigo hasta el Puente de los Manchegos, con su pista y sus pinos de repoblación. Me tomo mi tiempo para reponer fuerzas. Ricardo parte veloz. A otro que no veré hasta llegar a meta. 


La Maliciosa desde poco antes de llegar a Bola

Aquí ya se entra en lo que para mí es la parte más bonita, si bien más dura del recorrido. Es una zona de prados alpinos por la que discurre el alborotado río recién nacido al abrigo de las Cabezas de Hierro y las Guarramillas. Lo mullido del piso hace que la ampolla no sufra demasiado y subo con alegría, ahora ya agradeciendo que se haya refrescado el ambiente. Sólo temo al repechón final del Ventisquero de la Condesa. Pero llegado a este punto pongo ritmo de supervivencia y lo supero sorprendentemente bien, me encuentro cansado pero feliz de estar aquí. Me alcanza un corredor con el que llevo kilómetros haciendo la goma: "Jo macho, hay que ver lo que aguanta el cuerpo humano" me dice. "Ya te digo", es lo único que acierto a contestar. Control de Bola, esto ya está hecho. Sí, pero no. Queda penar un rato por la pista de bajada al Puerto de Navacerrada y aquí afloran todos mis males: Si piso con la izquierda malo porque veo las estrellas merced a la ampolla, si con la derecha peor pues parece que me están taladrando la rodilla. Todo ello acompañado de la sensación de que la piedras se han convertido en clavos que están ahí puestos con el único objeto de torturar mis pies. Bajo con una compostura no exenta de comicidad. Encantador, paso de la alegría al llanto. Pero como no hay males eternos, alcanzo la carretera y mano a mano con el corredor-goma llegamos a meta hasta corriendo y todo. 5 horas y 45 minutos, he mejorado media hora el tiempo del año pasado y he disfrutado como hacía tiempo. Puesto 200, aunque esto a mí me preocupa poco, la verdad. Me reencuentro con Jesús y Ricardo, debutante y veteranísimo, que han hecho una gran carrera y han llegado hace unos minutos. Gran día, muy pleno. Pago con gusto el precio de las agujetas que aún tengo cuando escribo esto.


Mirada hacia atrás llegando a Bola




El control de Bola


Pido disculpas por la poca calidad de las fotos, pero están hechas con el móvil.