domingo, 11 de septiembre de 2011

Entrenando en La Pedriza: Ascensión al Yelmo (1.714 m.)



Hace unos días he cometido la insensatez de inscribirme al Cross de La Pedriza, casi 20 km por las sendas pedriceras que a buen seguro van a exigir lo mejor de mí mismo. Como la cosa me impone cierto respeto, saco algo de tiempo y me lanzo a reconocer los vericuetos de La Pedriza en plan "trail runner", eso sí, a mis ritmos "paquetónicos". Pues nada, me presento con las primeras luces en el parking de Canto Cochino y decido recorrer la senda que, al lado del río (una vez cruzado el puente a la derecha) se dirige al aparcamiento, chiringuitos y restaurantes de El Tranco. Es un tramo de algo más de 2 km casi llanos que sirven bien para calentar los músculos. Me cruzo con algún acampado en la zona con cara de resaca. Veo algunas cabras que han bajado en busca de desperdicios comestibles. En el citado aparcamiento hay que tomar, casi nada más llegar a él, una senda que sale del callejón que forma el restaurante Casa Julián y otra finca. Atentos, que yo no he visto indicación alguna. Una vez entre jarales sí se ve claro por dónde es. Múltiples hitos y marcas blancas y amarillas. Incluso una pintada en una roca que, para no dejar lugar a la duda dice "Al Yelmo".  La senda no tiene pérdida, va por donde puede ir, si te sales te metes entre jaras y pedruscos. Veo algún punto rojo de la antigua señalización del camino. Hasta la pradera del Yelmo es todo subida con un par de escalones llanos, el último de ello llamado La Gran Cañada, agradable lugar con buenas vistas. Es magnífico terreno para alternar el caminar con el correr, que es para lo que he venido. La senda está bien pisada y tiene tramos de piedra y otros de tierra. La pendiente a ratos es fuerte pero hay descansillos que aligeran la fatiga. El característico paredón sur del Yelmo no se ve en todo el camino hasta que prácticamente te das de bruces con él. Este es:

El Yelmo


A esta altura me pasan dos corredores de montaña de verdad, ¡qué tíos, van como locos! y yo echando los higadillos. La ruta, en puridad, una vez llegados a la pradera del Yelmo, giraría a la derecha (Este) para ir por las proximidades del risco de El Acebo hacia el Collado de la Dehesilla.  Eso lo dejo para luego, quiero subir al Yelmo, que hace unos años que no lo hago. Para buscar la vía normal hay que ir al final de la pared hacía el Este y una vez allí buscar la cara orientada en dicha dirección y, trepando entre grandes bloques, encontrarse con la famosa grieta por la que, literalmente reptar hacia la cima. A mí me gusta más ir hasta la grieta, por la que inevitablemente reptaré, desde la cara norte. En un periquete me planto allí y subo trepando por el único  punto débil que se ve. Una vira hacia la izquierda que, sin dificultad y sin ser un acceso aéreo en absoluto, nos deja al pie de la susodicha grieta. Como máximo hay un pasito de II para superar un bloque. Nada especial. La grieta-chimenea permite o subir más elegantemente en oposición en algún tramo, o directamente  pegándose a la pared y yendo por el fondo de la misma. El paso más complicado, si es que se le puede adjetivar así, está al principio y consiste en la superación de un bloque empotrado en la chimenea. He comprobado que un niño puede pasar por debajo, yo evidentemente, no. Al final de la grieta hay que ir por placas poco inclinadas hacia la derecha hasta encontrar enseguida el vértice geodésico de la cima, gran mirador de La Pedriza, Maliciosa, la Cuerda Larga y la llanura madrileña. Alguna foto:

El Yelmo, Cara Este

El Yelmo Cara Norte, se sube por la diagonal hacia la izquierda

Diagonal desde abajo

La grieta

Dentro de la grieta, tiene algo de vuelta al seno materno

Vistas desde la cima

Un servidor de ustedes
Toca volver. Deshago la grieta y bajo por la cara este entre bloques a retomar la senda que me enfile hacia la pradera del Yelmo. Sin llegar a ella, giro a la izquierda y por terreno más o menos llano llego hasta el risco del Acebo, punto donde la senda toma rumbo norte y por terreno descompuesto y pedregoso llega hasta el collado de la Dehesilla, uno de los puntos clave de la Pedriza al ser una importante encrucijada. Si vamos al Este, salimos de La Pedriza por el Hueco de Coberteros. Si vamos hacia el Norte, nos metemos de lleno en el llamado Circo de la Pedriza Posterior por la intrincada zona de Mataelvicial, Riscos del Laberinto, Navajuelos... Por ahí creo que va al Cross de Pedriza, me tiemblan las canillas. Yo tomo la senda hacia el oeste que, al abrigo de la Umbría Calderón a un lado y el grupo de riscos de Cancho Amarillo, el Hueso, las Oseras, Las Buitreras, El Pájaro al otro, me depositará rápidamente al pie del famoso Tolmo, molondrio solitario y colosal cercano al refugio Giner y al Arroyo de la Majadilla. Cruzando el puente que hay en el Prado Peluca se toma el magnífico y ancho camino por algo conocido como Autopista de Pedriza que, en rápido descenso, nos lleva de vuelta a Canto Cochino. Me han salido unos 12,50 km que con paradas incluidas me han llevado 2 horas y media. No sé yo. Me despido con más fotos.

El Acebo

Hacia el Este

En el descenso al collado de la Dehesilla, arriba la Pared de Santillán

Collado de la Dehesilla, al fondo La Maliciosa

Peñalarco o El Hueso

El Tolmo

El Pájaro

martes, 16 de agosto de 2011

Cabeza Nevada o Mogota del Cervunal (2.433): Lo salvaje.

Primera visión de Cabeza Nevada al rato de salir
Si lo tuyo son las montañas solitarias, las rutas fuera de sendero, los esfuerzos perseverantes y sin tregua y no le tienes miedo al dolor, si quieres sentirte como Jeremías Johnson por unas horas, esta es tu montaña. La recompensa está garantizada, pero este no es monte para pusilánimes. Entiéndaseme bien, dificultades técnicas no hay, en verano es ruta para excursionistas como yo, pero está lejos, las sendas, cuando las hay, son difusas y fáciles de perder, en muchos momentos se navega largo rato entre escobas y piornales, a veces se avanza a tientas y hay que volver por donde se ha ido para encontrar el mejor paso. En fin, una delicia para adictos a hacer el cabra.



Tras un viaje en gran parte nocturno me planto de buena mañana en el delicioso pueblo de Navalperal de Tormes. Después de alguna vuelta, encuentro atravesando la calle central del pueblo la carreterita que en menos de un kilómetro lleva al aparcamiento al lado del puente del río Tormes. Cruzo el puente y tomo la pista hacia la derecha. La ruta, que lleva al Circo de Cinco Lagunas, está señalizada con palitroques. Voy trotando en suave pendiente, cruzo un puente, sigo subiendo y, de repente, las señales se pierden en un prado entre charcos y un arroyo. Ando buscando una bifurcación, a un lado a Cinco Lagunas, al otro a la Laguna Grande, para, según mi guía tirar por la calle del medio, es decir, por la cuerda que parte de un chozo y separa la garganta del Pinar de la de Gredos. El caso es que no lo veo. Primer embarque. Avanzo (¡jamas retroceder!) entre prados y senda difusa al lado de un río.  Me estoy metiendo de lleno en la garganta del Pinar, que baja de Cinco Lagunas. Por aquí, en teoría, no es. Pero como el rumbo es claro, decido avanzar. La garganta se va cerrando, el sendero desaparece, el terreno junto al río se hace difícil. Solución: Tirar monte a través y subir a la loma de mi izquierda. Intuyo que por allí debe ir la senda. Me encuentro con el primer macho cabrío solitario del día. Me mira como diciendo, "¿y a este que se le perdido por aquí?", eso digo yo. Tras un rato subiendo y avanzando por la garganta, entre pedruscos ocultos y traicioneros y vegetación cerrada, de repente encuentro la senda. Este tramo me sirve como introducción a lo que me espera.

Cabeza Nevada y Circo de Cinco Lagunas una vez recuperada la senda

Por la ladera de la izquierda he subido

Por aquí la senda es un placer, va llaneando por el fondo del valle con mi objetivo y el circo de Cinco Lagunas al fondo. Avanzo un rato y voy rumiando que por aquí no es, que tengo que ir por la loma de mi izquierda a ganar la cuerda que me conducirá a Cabeza Nevada. Estoy en la garganta del Pinar y si sigo llegaré a Cinco Lagunas. Decisión drástica, abandono el camino (¡snif!), giro a la izquierda y tiro directo para arriba hasta la loma. Se acabo trotar, esta no es montaña para ello. La subida es pestosilla: Escobas, piornos, más piornos, hierba alta, pedruscos.... En un rato gano la cuerda y ya veo claro por dónde debo ir. Avante hacia el pico, que aquí lo domina todo. Seguimos sin senda, pero el terreno está medianamente despejado y se avanza bien. Se pasan un par de lomas suaves y una bajada nos deposita en la turbera, cruzada por arroyos, algunos secos, donde se asienta la laguna del Cervunal, también seca, y el refugio del Novillero. Lo que queda es propiamente el ataque final a la cumbre, que se levanta inmensa ante mis ojos. Hay que buscar un collado que se ve claramente entre una crestecilla (pico del Novillero, 2.194 m, y un par de cotas sin nombre) y la pedrera final de acceso a la cumbre. 

La Garganta de Gredos, por donde luego volveré, desde la loma

La cumbre, ya más cerca

La laguna (seca) del Cervunal

Parece que está ahí, pero queda la parte más dura (y por qué no, puñetera) de la ascensión. Unos 600 metros de desnivel a salvar del tirón y literalmente como se pueda. Se trata de sumergirse entre los escobares a buscar el mejor paso y en la medida de lo posible progresar por las pedreras que salpican la ladera. Llego tras muchos sudores a la cresta previa al collado. Lo lógico parece encaramarse a las rocas y avanzar hacia dicho collado, así lo intento, pero aunque no parece difícil no sé lo que me voy  a encontrar y retrocedo. Voy solo y no es cuestión de tentar a la suerte. Me desespero un poco, si bajo malo, otra vez a sufrir entre los arbustos después de llegar hasta aquí, si sigo tampoco lo veo claro. Al final voy flanqueando al pie de las paredes, incluso veo algún hito suelto que habrá puesto un alma caritativa. ¡Llego al collado! El último obstáculo es la empinada pedrera final a la cumbre. Después de lo pasado parece pan comido, el terreno es noble, los bloques, de todos los tamaños, son firmes. Un último empujón y llego a la cumbre, amplia y despejada.

Un compañero en plena faena, la promesa de la cumbre al fondo
Se le da bien subir por aquí
Me vuelvo
Terreno despejado hasta el collado
Llegando a la cumbre, una revelación.
Han sido cuatro horas sufridas, con algún momento de flaqueza psicológica, pero el panorama que se abre ante mis ojos es espectacular. Cabeza Nevada cierra el circo de Gredos por el norte y es un mirador de primer orden: El Almanzor, La Galana, el Circo de Cinco Lagunas, el Cerro de los Huertos, Risco Moreno, Los Hermanitos. No hay palabras: "El corazón pétreo de Castilla" dijo Unamuno. Catedralicio ámbito sagrado de la naturaleza, con sus torres, arbotantes y contrafuertes que se elevan hacia los despejados cielos de estas tierras. Unas imágenes valen más que mil palabras:

El Almanzor
El Morezón, Los Hermanitos, Cerro de los Huertos, Risco Moreno
El Almanzor y la Galana
Cinco Lagunas
 En la cumbre me encuentro con un nutrido y simpático grupo de montañeros de Casillas que han subido desde el circo. Se agradece alguna presencia humana tras ir por parajes tan solitarios. Para volver me aconsejan ir por Cinco Lagunas, más corto y "civilizado". Al final, tras sopesarlo, decido no cambiar mis planes y volver por la Garganta de Gredos, que es por donde he avisado que volvería, por si acaso. Inicio el descenso por la al principio ancha cresta que se dirige hacia el sur. Al poco se estrecha. Se sigue unos metros por el filo y se da un paso algo aéreo, pero enseguida se baja hacia la izquierda por un leve trazado que flanqueando la arista termina llevando a un primer portillo, el del Pluviómetro (2.332 m.). Si seguimos la cresta llegaremos a la portilla del Rey, por donde pasa el sendero a Cinco Lagunas que parte de la Laguna Grande. Decido bajar directamente a la izquierda por fuerte pendiente de terreno descompuesto y herboso a tramos para coger una senda que en amplias zetas lleva a las praderas del Gargantón, donde se junta con el camino de la portilla del Rey.  Nos vigilan el Risco Negro y el Cerro de los Huertos. Este es buen sitio para coger agua, que corre limpia y cristalina. En primera instancia pienso en bajar directamente por el Gargantón pues se junta con la Garganta de Gredos y ya que esto se está alargando más de lo previsto así podría tardar algo menos. Pero ni el mapa ni algún montañero que anda por ahí me dan una referencia del terreno que me puedo encontrar, así que para evitar males mayores voy por la ruta "oficial" que remonta cómodamente por senda a ratos hasta empedrada al Collado del Gargantón. Es la puerta de entrada al circo de la Laguna Grande, a la que se llega al poco a su desaguadero.

Cabeza nevada desde el collado del Gargantón
El circo de Gredos desde el desaguadero de la Laguna Grande

 Aquí se trata de buscar la senda que baja por la Garganta de Gredos, en la que ya me encuentro. Tras unos minutos de ir y venir entre grandes bloques y canchos encuentro unos hitos que, por la margen izquierda del torrente, ahora casi seco, bajan por su cauce.  Senda no hay, los hitos a veces se pierden, aunque en los tramos más conflictivos aparecen providenciales. Pero hay que andar atento pues es fácil enriscarse por las lanchas de piedra y los diversos escalones de la garganta. Las vistas hacia atrás y a los lados son espectaculares en este primer tramo. Tras el cierto bullicio de la zona de la Laguna Grande, aquí volvemos a las soledades. La garganta es larga, muy larga. Las horas van cayendo y no se ve el fin. A veces la progresión es laboriosa pues, como he dicho, se pierden los hitos y hay que ir y venir para evitar piornos y algún tramo complicado en los cauces de los arroyos que desembocan en la garganta. Pero en general se avanza bien, casi siempre por la margen izquierda. Supongo que si baja mucha agua será algo más complicado en algunas partes. Los panoramas al mirar atrás amenizan la marcha. El Mogote del Cervunal vuelve a aparecer como una mole inmensa desde aquí. Pierdo el contar de las horas y llego al primer punto de referencia, el puente de Roncesvalles, que tras tan pomposo nombre no esconde más que una pasarela de cemento donde se junta esta ruta con la senda que baja desde el Prado de las Pozas por la Garganta de las Pozas. Aquí bien es cierto que aparece una senda propiamente dicha, que es la que conduce de nuevo a la plataforma de Navalperal. El piso, al fin, es civilizado. Empiezan a aparecer prados entre bosquetes de robles, abandonamos la alta montaña. Todavía me queda meterme en algún marroncete entre piornos, no me vaya a pensar que esto iba a ser tan fácil al final, pero a la hora y pico llego al coche tras nueve horas y media de marcha (paradas incluidas) y 30 kilómetros de pateada a buen ritmo. Me llevo la sensación de que no tan lejos de una gran ciudad como Madrid todavía existen vestigios de un pasado salvaje. Acabo con más fotos.

La Garganta de Gredos, hacia adelante
La garganta de Gredos, una mirada atrás
Otra mirada
Cabeza Nevada, dominando la Garganta
Dejamos la alta montaña
Me vuelvo por el puerto de la Peña Negra, desde donde se tiene una de las mejores vistas de Gredos

La ruta en mi GPS

La ruta en Wikiloc



miércoles, 27 de julio de 2011

Montón de Trigo y La Mujer Muerta

El cordal de la Mujer Muerta desde Cerro Minguete (2.026)

Nueva incursión de este aspirante a "trail runner" por mi querida Sierra de Guadarrama. En esta ocasión aprovecho el puente de Santiago y me acerco a pasar calamidades a Cercedilla, puerta de entrada al sin par valle de la Fuenfría, auténtico jardín del Foro. Como casi siempre, madrugo para que me cunda más y a las 7:30 empiezo a trotar desde el Parking de Majavilán, vacío a estas horas y que se sitúa al final de la carretera de Las Dehesas. Estoy a unos 1.350 metros y, pese a la época del año, hace frío. Sopla, con cierta fuerza, viento del este. Esto me dificultará algo las cosas por ahí arriba, pero por otro lado me lo hará más fácil pues con lo que no puedo es con el calor.

Primera etapa: Subida al puerto de la Fuenfría (1.792 m.). La cosa no tiene mayor complicación. Se toma la carretera hasta el final, unos 100 m, se cruza una barrera, un puente, el del Descalzo, y se toma la calzada romana hasta un primer llano, el de los Corralillos, donde se sitúa el abandonado Chalet de Peñalara y cruce de caminos, senderos y pistas. Se coge el que va hacia el norte y por pedregoso camino va ganando altura hasta llegar a un segundo puente, el de Enmedio. Se traza una curva y vuelve a aparecer la calzada. En la segunda curva aparece un sendero bien trazado, con su inicio marcado con un cartel metálico, que gana altura paralelamente a la calzada. Lo tomo y al poco se llega al puerto. Hasta aquí he podido trotar más o menos. Arrecia el viento. No me entretengo y sigo por la loma de mi izquierda para ganar la cresta de la sierra en lo que será la primera cumbre del día, si bien ésta no es muy prominente. La senda, bien trazada por terreno al principio almohadillado y luego pedregoso, no da tregua y en unos 15 minutos nos deposita en el Cerro Minguete (2.026 m.). Enfrente se ve ya la siguiente cumbre, más llamativa, el Montón de Trigo (2.161 m.). ¡Cuantos recuerdos de tantas ascensiones con frío, calor, lluvia, nieve! Para mi gusto es el mejor mirador de la sierra y casi, casi del Sistema Central. Una foto:



Segunda etapa: Hemos llegado a la línea de cumbres, ahora toca crestear. Me entra el viento por el lateral, empiezo a tener frío. Mejor no parar. Bajo hasta el collado entre el Minguete y el Montón de Trigo (1.992 m) y enfilo la subida corta y bastante empinada y rocosa en su tramo final, pero sin dificultad (hay senda bien marcada), hasta esta última cumbre. He tardado una hora y diez más o menos desde el inicio. Entran nubes, sopla y sopla. Tiro para abajo por el canchal de bloques firmes hacia la senda que lleva al collado de Tirobarra.




La silueta de las cumbres de Peñalara y Cabezas desde las rocas del Montón de Trigo

Pasado el canchal se enfila la senda que, cómodamente y tras transponer una cota de 2.049 m., lleva a la explanada herbosa del collado de Tirobarra (1.984 m.), que dicen que recibe este nombre pues en ella los pastores de la zona, esta es montaña de vacas, se dedicaban al berroqueño y recio entretenimiento conocido en otros lugares de la sierra como "chito", que es una especie de juego de bolos con barras de metal. Es hora de afrontar la subida a la cumbre de La Pinareja, la primera de la sierra de La Mujer Muerta, así llamada por parecer una mujer yacente vista desde la lejanía. El sendero es evidente y de buen piso incluso llegando al casquete somital, que no es más que una acumulación de pedruscos. Al final, si se va con fuerzas, hasta merece la pena tirar directo para arriba saltando y trepando entre bloques. 2.197 metros según el mapa de Alpina, 2.194 según el I.G.N, 2.198 según mi GPS. En cualquier caso es el punto más alto de la ruta y donde más sufro las inclemencias del tiempo. El viento sigue siendo muy fuerte y la sensación térmica muy fría. No siento los brazos y el sudor hace que me quede aterido, ponerme el cortavientos se convierte en un "numerito" a lo Mr. Bean. Pues nada, a seguir corriendo.


Últimos metros antes de llegar a La Pinareja


Entran nubes

Tercera etapa. De la cabeza de la Mujer a su pecho, la Peña del Oso. Es la parte más entretenida. Se trata de salvar el paredón que defiende a la Pinareja por el SO siguiendo una quebrada senda por un canchal roto y que va más o menos pegada al muro. No hay complicación alguna pese a ser la única zona donde estas amables montañas fruncen algo el ceño. Aquí además estoy protegido del viento por la propia ladera. Luego la senda culebrea entre cotitas secundarias y en un periquete se llega a citada Peña del Oso (2.196 m.). Esta zona me encanta, al norte, Castilla inmensa, al sur los pinares extensísimos del valle del río Moros, Gredos y La Paramera en la lejanía. Algunas fotos:



Valle del río Moros


Hacia tierras castellanas


Bajada de La Pinareja

En la cima del Oso, adornado el vértice geodésico con un desgastado oso que se ha visto acompañado desde hace unos años de un osezno, sigue la tónica de viento desapacible. Echo un vistazo a lo que me queda para los pies de la Mujer, el pico de Pasapán, y sigo. La bajada es cómoda, pasa por un espolón herboso y llano, la Peña de la Apretura (2.051) que apenas sobresale del cordal, y llega al colladín previo a la breve subida final al pico de Pasapán (2.005 m.). Una última suave bajada entre prados, piornos y vacas y se acabó la Mujer Muerta en el puerto de Pasapán (1.846 m). Han sido 12 kms desde el coche cabalgando por las lomas, he tardado unas 2 horas y 50 minutos a mi paso de percherón. Paso revista a mi cuerpo, ya algo cansado y baqueteado. Todo bien. Menos mal, que hay que volver.  El puerto es una encrucijada. Si se coge la pista al norte, derecha según bajas, llegas a la estación de La Losa (opción para volver en tren a Cercedilla). Si a la izquierda, vas a coger la pista que recorre el valle del Espinar y, o bien tiras al oeste hasta el área de La Panera y la estación de El Espinar o, si quieres volver a Las  Dehesas como es mi caso, tienes que ir al fondo del valle a remontar la cuerda que lo cierra y  bajar luego a La Fuenfría. A ello vamos.


Los osos


Desde Oso, el cordal hacia Pasapán


La Peñota y la Peña de Aguila y el claro en el bosque por el que iré


Pinares de la garganta de El Espinar, al fondo Cueva Valiente y Abantos


Cuarta etapa. El regreso. Una vez en el puerto, lo dicho, se toma la pista a la izquierda y al poco se toma otra vez en un cruce el ramal de la izquierda. Se puede ir por la derecha pero se da mucha vuelta para llegar al mismo sitio. Todo cuesta abajo por pista. Llega un punto al rato en que de nuevo la pista se bifurca, tomar hacia la derecha por un cortafuegos que atraviesa un espolón bien visible y que acaba en un claro del bosque herboso (ver fotos anteriores). Aquí parece que acaba todo, y es verdad. Hay que tomar la pendiente de la izquierda sin miedo, fuera de sendero o camino alguno y, bosque a través por buena pendiente encontrarse como buenamente se pueda con la pista que atraviesa todo el valle y que nos llevará hasta el mismo pie del collado de Marichiva. La bajada es corta, unos 300 metros, y el bosque está limpio. Una vez en la pista tomar dirección este, izquierda según bajas, y adelante. Da gusto trotar entre los pinos con el fresquito que ha dejado ese viento tan molesto en altura. La pista es en general llana pero picando hacia arriba, salvo algún tramo de descenso ya cercano al embalse del Vado de las Cabras que cierra el valle. Una vez en el embalse y tras un par de kilómetros más rodeando los espolones que caen de la Peña Bercial, que se van haciendo algo largos, hay que tomar un claro camino a la altura de un puente que sube decididamente y sin descanso hasta el collado de Marichiva (1.753 m), que se abre entre la Peña del Aguila y la citada Peña Bercial. Se salvan unos 120 metros de desnivel en un kilómetro más o menos. Aquí me limito a caminar lo más rápido que puedo. Bajan ciclistas a toda velocidad, casi única presencia humana que veo desde que he salido. Por poco no me atropellan los tíos. Una vez en el collado la cosa ya está hecha. El descenso se hace vertiginoso, si tienes piernas, por la senda que sale del mismo collado señalizada con puntos rojos. En un momento dado las marcas se juntan con las blancas y amarillas del P.R. En el primer falso cruce de este P.R (aspa) tomarlo pese a todo si se quiere llegar lo más rápido posible al parking de Majavilán. Cuando llego, ya ha venido todo el mundo. Yo me escabullo. Han sido 22,5 km en unas 4,15 horas incluyendo paradas (3,46 en movimiento según el GPS) y unos 1.400 metros de desnivel positivo.


El Oso desde la pista




domingo, 10 de julio de 2011

Ruta excursionista: La Maliciosa (2.227) por Mataelpino

La Maliciosa al poco de salir del coche

Esta excursión la realicé el 29 de julio de 2007, ya ha llovido, pero dado lo discontinuo de mis actividades  en los últimos tiempos tiro de archivo pre-blog y publico esta entrada. Lo que sigue es literalmente lo que escribí en su momento en otro sitio:

 Ascensión a esta cumbre que había atacado decenas de veces por casi todas sus vertientes y bajo todas las condiciones metereológicas posibles. Por pereza o desconocimiento no había intentado nunca subir por esta cara sureste que, por otro lado, presenta un carácter bravío bastante atractivo.

Allá vamos

Pues bueno, elijo el domingo más caluroso del año, madrugo y a las 8 estoy andando. He salido desde la pista que parte de la llamada "Colonia de los Muchachos", a unos 200 m por una pista que se coge desde la carretera de Mataelpino a Becerril de la Sierra a la altura de unas antenas. La ruta se ve clara desde el inicio: La Maliciosa domina al norte y se trata de remontar el llamado arroyo de la Gargantilla por su orilla derecha. Al principio se salva poco desnivel y la senda es ancha y cómoda, ideal para ir calentando los músculos para lo que nos espera. Como a los 45´, a unos 1.500 m. de altitud al fondo del vallecillo, el camino se bifurca. Si se toma la senda de la derecha se asciende al Collado de las Vacas entre la Maliciosa y la Maliciosa Chica, luego volveré por ahí. La opción divertida es tomar los hitos que hacia la izquierda se dirigen de forma directa al paredón sur de Maliciosa.

Vista atrás




Por ahí se sube







Hasta ese momento ha sido un paseillo agradable a la sombra que forma a estas horas tempranas la loma de la derecha del valle. A partir de aquí se acaba la sombra y se salva casi todo el desnivel del tirón con la solana apretando en el cogote. Al principio hay  hitos que al rato se pierden a medida que el terreno se va haciendo incómodo por la vegetación rastrera, y los canchales que, eso si, son bastante firmes. La pendiente es fuerte en todo este tramo y el contraste de esta vertiente con el pinar de la parte de la Barranca, total. No hay un solo árbol en todo el valle, esto es el reino de la jara y el cantueso. En medio de la cuesta me sobresalta el ruidoso aleteo de una perdiz, la única compañía que tendré, junto a las lagartijas y las golondrinas, hasta la cumbre de La Maliciosa.

Nos vamos acercando a los paredones


Aguja
Hay un momento que los hitos desaparecen, hay que subir como se pueda en dirección a las paredes de la cara sur, no hay pérdida posible. Recomendación fundamental: Llevar pantalón largo si no se quiere acabar con las piernas hechas un Cristo como me ha sucedido a mí. Una vez alcanzada la pared se gira a la derecha y se traspasa un pequeño espolón para dar vista a una canal que se aparece como la única opción de salvar las paredes de roca que nos rodean . El corredor se asciende sin dificultad, tan sólo se apoyan las manos en algún momento. A la salida del mismo descendemos un poco por terreno fácil y vemos dos canales, una rocosa a nuestra izquierda y otra herbosa a su derecha. Cualquiera de las dos llega a la cresta cimera. Meterse por la de la izquierda. Yo me metí por la de la derecha, que me pareció más accesible y en buena hora. La lluvias de la primavera han dejado la hierba más alta y verde lo habitual en esta época del año y llegué arriba con una urticaria terrible. Pero llegué.

La primera canal


La segunda canal

Superado el obstáculo se enlaza con el sendero que viene de La Pedriza  y, en cinco minutos, se está en la cumbre. Me encuentro con otros grupos que ascienden por vías más habituales y con nubes espesas de mosquitos que se me pegan al cuerpo  y me echan del mojón cimero. La verdad es que este último tramo ha sido poco placentero. Digamos que el placer es retrospectivo. Atrás queda un desnivel cercano a los 1.200 m. en una distancia de unos 5 km que se hacen en unas 2 h o 2,15 h de corto pero intenso esfuerzo.

Maliciosa desde el Collado de las Vacas


Para el descenso utilizo el P.R. de la Pedriza hasta el Collado de las Vacas y una vez allí giro a la derecha cuando la senda inicia el pequeño ascenso hacia la Maliciosa Chica y la Cuerda de los Porrones. Por senda bien balizada voy al encuentro del cruce de caminos que vadea el arroyo de la Gargantilla y que esta mañana he tomado hacia la izquierda. Por la misma senda del inicio llego al coche en 1,30 h desde la cima.

Panorámica en el descenso