domingo, 12 de agosto de 2012

La Almenara (1.259 m.)



Siguiendo en mi tónica de los últimos tiempos de hacer rutas de trail facilonas acordes a mis posibilidades y apetencias actuales, una serie de circunstancias me han traido hasta la Almenara, último bastión del Guadarrama por el sur. Situada en la llamada Sierra Oeste, esta montaña tiene una forma bastante airosa y es toda una atalaya que ya los árabes utilizaban como faro en los tiempos de la Reconquista. Dicen que encendían fuego en su cumbre para avisar a Toledo de las incursiones cristianas desde el norte. De hecho en la misma cima hay una torreta que parece ser que data de aquellas fechas y que se usaba para tal fin. Y al mismo pie de la Almenara, curiosa coincidencia, se sitúa la base de seguimiento de satélites de Robledo de Chavela, dedicada a la vigilancia de artefactos espaciales.

La torreta de la cumbre
La base de seguimiento de Robledo de Chavela
Para subir hasta aquí arriba y deleitarse de los extensos panoramas de la cumbre no es necesario hacer una gran inversión de tiempo y esfuerzo. Tan solo hay que llegar a la localidad serrana de Robledo de Chavela y, a la salida del pueblo, tomar la avenida de la Virgen de Navahonda, y seguir el camino, perfectamente señalizado con las marcas del GR 10, que conduce a la ermita del mismo nombre (romería 40 días después del Domingo de Resurrección). Bajo la vigilante mirada de la gibosa cumbre del Almojón el camino discurre hacia el sur sin mayor sobresalto y ganando altura muy progresivamente entre fincas dedicadas a la caza y la ganadería. Aquí el paisaje se ha hecho totalmente mediterráneo, es la tierra de la jara, el cantueso, la encina, el fresno, el  enebro, el pino piñonero... De hecho hoy en plena ola de calor toma incluso tintes africanos. Menos mal que he salido muy temprano y voy por la umbría a salvo de la canícula. A unos 4 kilómetros de la salida la pista, que ha ido deviniendo camino de cabras poco a poco, cambia de vertiente en el collado de Navahonda. Es el momento de abandonarla y atravesar un portillo a la derecha para tomar una vereda que salva una primera loma y que nos llevará a un collado previo al ataque final a la cumbre. La última parte discurre por la izquierda (este) de la cima. Aquí el terreno se empina notablemente y se hace rocoso. En algún momento hay que emplear las manos para progresar, pero sin dificultad. En un tris estamos en la aérea cumbre. Aquí no hay mucha altura sobre el nivel del mar pero no conviene caerse pues ello tendría malas consecuencias. Las vistas, como ya he dicho, son amplias: Al sur la vista se pierde entre encinares, territorio de linces según algunos. Al norte, Almojón, San Benito, Las Machotas, Abantos. Al este la llanura hacia Madrid. Al oeste la maraña de colinas en la que se difumina momentaneamente el Sistema Central antes de volver a ganar prestancia en la redondeada Sierra del Valle, contrafuerte más oriental de Gredos. Una pena que hoy la canícula difumine todo. He tardado una hora desde el coche a ritmo cochinero. Son algo más de 6 kilómetros y unos 450 metros de desnivel positivo. Para volver deshago la ruta y en otra hora estoy en el coche. De marcha efectiva ha sido una hora y tres cuartos más o menos para 12,5 kilómetros. Salvo el tramo final el terreno es corrible en su totalidad. No hay agua en todo el camino.

Camino a Navahonda

Cima de la Almenara

Hacia el Norte

Hacia el este


Hacia el Oeste

Almojón, Abantos, Las Machotas

El Almojón desde el camino

La ruta en Wikiloc

miércoles, 8 de agosto de 2012

Corriendo por Abantos


El monte Abantos (1.753 m) es una de las últimas, o de las primeras según se mire, montañas de cierta entidad del Guadarrama. Sus formas suaves vista desde la lejanía no nos deben llevar a engaño pues en su vertiente sudeste se encuentra uno de los parajes más sugerentes y abruptos de esta amable sierra: Se trata de la arista granítica que culmina en la que podemos llamar la antecima del Abantos, el Risco Benito (1.700 m.). No obstante el erizado aspecto de la cima y los roquedales que la defienden no debemos asustarnos pues hay un magnífico sendero que nos depositará, tras unas cuantas  revueltas por la ladera,  en el llamado Portacho, brecha de la arista desde la que atacaremos la cumbre por terreno sencillo desde el norte. De la caseta que hay en la cima hasta el Abantos propiamente dicho no hay más que unos minutos de tranquila marcha. 

La cresta del Risco Benito

Mi intención en esta mañana de domingo es ir cogiendo forma poco a poco para las carreras del otoño y qué mejor proyecto que esta ruta corta, bonita y no exenta de cierta dureza. El sendero hasta el Portacho lo recuerdo adecuado para mis fines y lo que quiero es intentar correrlo hasta arriba. Para ello dejo el coche pasadas  las últimas casas de San Lorenzo del Escorial, algo más arriba de la presa del Romeral y al final de la calle de la Fuente de la Teja. Estoy a unos 1.190 metros. Se sigue la carreterilla unos metros y a la altura de la fuente que da nombre a la calle ya se toma un sendero por el pinar que sin pérdida y haciendo eses va ganando altura sin prisa pero sin pausa. En un punto determinado se toman las marcas rojas y blancas del GR10. Ya cerca de las paredes de roca hay una bifurcación. Se toma la senda hacia la derecha. En unos dos kilómetros estamos en el Portacho y pasamos al otro lado de la cresta. Las vistas hacia los últimos confines de la Sierra (San Benito, Las Machotas, la Almenara) son magníficas. Yo pese a que hace fresquito he llegado con un buen sofocón, pero he llegado trotando sin parar. Seguramente hubiera tardado menos andando pero no he venido para eso. He ganado altura centímetro a centímetro y he tardado una media hora en hacer algo más de 2 kilómetros, y me ha costado. Definitivamente no estoy en forma. Poco a poco. Una vez en el colladito hay que ir hacia la visible caseta de la cima por donde se pueda, pegados más o menos a la pared. No hay senda, sólo algún hito suelto, pero no hay pérdida. Al final se llega por una empinada y corta canal en la que se puede uno ayudar de las manos para progresar. Los más hábiles e intrépidos podrán subir directamente a toda cresta pues no parece excesivamente complicada. La panorámica desde la terraza que le han adosado a la caseta es sobrecogedora hacia el monasterio de El Escorial. Sólo por ello merece la pena venir hasta aquí. Llegar hasta la humanizada cumbre de Abantos me llevará unos cinco minutos de trotecillo. De lo accesible de dicha cima habla que se puede llegar en bicicleta por la pista que sale del puerto de Abantos o de Malagón. Para bajar yo mismo tomo el camino hacia el oeste con la intención de llegar al puerto, pero poco antes de llegar veo la llamada Cruz de Rubens y a ella me dirijo. Desde este enclave dicen que pintó Rubens en el siglo XVII su vista de El Escorial. Para seguir descendiendo busco una senda entre el bosque y la encuentro, es el llamado camino del Trampalón que  en rápido descenso, aunque yo me lo tomo con calma disfrutando de la buena mañana y del bonito bosque por el que discurre, nos dejará en una pista que, tomada hacia la izquierda cuando se llega a ella nos dejará en el coche. Decir que la senda está bien señalizada y que discurre por un bosque de pinos salpicado de otras especies repobladas como hayas, alerces (hay un llamado Mirador de los Alerces) y acebos. En resumen, una salida para días en los que no se tenga mucho tiempo pero que deja un buen sabor de boca por lo variado del terreno y lo bellísimo de los paisajes. Son 9 kilómetros y se salvan algo más de 600 metros positivos. Yo he empleado una hora y tres cuartos a mi ritmo pachanguero y parando un montón de veces a ver el paisaje y hacer fotos, estas:
San Benito desde el Portacho

Cumbre de Risco Benito

El Escorial, el bosque de La Herrería y Las Machotas desde Risco Benito

Zoom al Monasterio

El final o principio del Guadarrama

La loma hacia Abantos

El cordal principal de Guadarrama desde Abantos

Cima de Abantos, hacia Gredos y las tierras altas de Avila

Más vistas
Desde la Cruz de Rubens

Senda de descenso por el bosque

Mirador de los Alerces

Risco Benito desde el Mirador de los Alerces



domingo, 29 de julio de 2012

Excursión por la Sierra de Ayllón: La Cebosa y el Rocín desde Peñalba de la Sierra

Después del estrés al que sometí a mi organismo hace ya más de un mes en el MAM y tras unas semanas sumido en la pereza, desmotivado por el calor y con entrenamientos de compromiso he decidido darme un homenaje y me he ido a la Sierra de Ayllón a disfrutar del campo. Nada de correr, ni trotar siquiera, a lo sumo andar ligero. Esta salida además me la debo desde hace años, cuando dedicaba   más tiempo a descubrirme montañas y recorría Ayllón con cierta frecuencia. Creo que los dos objetivos del día, la Cebosa (2.048 metros) y el Rocín (2.051 metros) son los últimos "dosmiles" de esta sierra, por lo menos de los principales, que me faltan por pisar. Una tontería pero que me hace ilusión.  Además el viaje por sinuosas y estrechas carreterucas de montaña merece tanto  la pena como la excursión misma. Estamos en el alto Jarama, en las tierras fronterizas de Madrid, Segovia y Guadalajara, en lo que se ha venido en llamar la "Sierra Pobre". Pobre desde luego en sensaciones no lo es. Barrancos, ríos limpios, robledales, pinares, los hayedos dicen que más meridionales de Europa, montañas para dar y tomar. Fauna..., luego contaré. Decir que en la aldea de  Peñalba de la Sierra, unas pocas casas, se acaba la carretera y desde hace muchos kilómetros no tengo cobertura en el móvil. Hermosa solitude a una hora y media de Madrid.

Peñalba, agazapada entre montañas
A eso de las nueve de la mañana echo a andar. Hace calor. Hay que tomar la carretera que sale del pueblo y a los pocos metros subir directamente hacia la derecha, sin senda pero por terreno despejado hacia la loma que domina el pueblo y que va ascendiendo evidentemente hacia el cordal de la sierra. A veces hay trazas de senda. Se gana desnivel de forma rápida y cómoda. Al rato se encuentra una pista que recorre la sierra a media ladera. La sigo hacia la izquierda unos metros para ver el mejor lugar desde el que atacar el pinar de repoblación que empieza a esa altura. Parece que encuentro una senda pero al poco se pierde. No importa, se trata de ir ganando altura buscando el terreno más cómodo. Me interno en el bosque, la pendiente a ratos es fuerte, jadeo y sudo. De pronto... Oigo una especie de bufido como de advertencia y me sobresalto un tanto. Una vaca, pienso. Miro y, entonces, ¡sorpresa!. A pocos metros de mí veo como se me cruzan en veloz carrera lo que parece un lobo, una loba en este caso, y su cría. Podrían ser, pienso, perros asilvestrados. Pero lo que su velocidad me deja ver es un animal de cierto porte y piel grisácea. Un zorro seguro que no era. Lo inequívoco de su huida hablan de un animal salvaje, poco acostumbrado al trato con humanos. Los perros, aunque asalvajados, tienen en su genética miles de años de trato con el hombre. Creo que lejos de huir, de ser un perro, se me habría acercado e incluso encarado. Siempre me quedará la duda, pero sí que hace ya tiempo que se habla de la vuelta del lobo precisamente por estas sierras. Repuesto del "susto", yo a lo mío. En algo menos de una hora desde la salida alcanzo una primera cota, la Morra del Segoviano (1.752 m), ya en el cresterío que habré de seguir hacia el norte para llegar a las cumbres del día. Hay un vértice geodésico y las vistas  son de primera sobre todo el nudo de sierras que me rodean: El Santuy y el Cerrón enfrente, la sierra de la Puebla y el Peñalacabra al sur; el Ocejón dominador al este. Unas fotos:

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La Sierra de la Puebla

La loma del Picaño

El cordal hacia la Cebosa
La continuación no tiene pérdida. Se trata de girar al norte y dirigirse por la cuerda hasta la rocosa cumbre de La Cebosa que se destaca en lontananza. El terreno es despejado, hay trazas de senda y discurre mayoritariamente por pastos. La subida final a la cumbre es de pendiente más fuerte y tiene una senda que permite no navegar entre el abundante matorral que defiende el vértice geodésico. Para no meterse en líos aconsejo rodear la cumbre por su derecha e ir buscando el paso más despejado hasta la mísma, que se alcanza sin mayor dificultad. Las vistas son parecidas las de la Morra del Segoviano pero desde aquí se ve muy bien el cordal del Pico del Lobo, cumbre de la sierra, y la Loma del Rocín, alineación de cotas de más de dosmil metros que conectan mi próximo objetivo con el citado pico. Una  bonita excursión que dejaré para otro día.

El Cerrón

Grupo del Pico del Lobo

Cumbre de La Cebosa

El Rocín al fondo
 Llegarse al Rocín es cosa de unos minutos por terreno cómodo y fácil. Para volver a Peñalba he decidido ir por la cuerda que se descuelga desde esta cumbre hacia el este y que me llevará hasta el collado de Peñalba, claramente visible desde aquí pues es atravesado por una pista forestal. Tampoco hay pérdida, es mantener el rumbo y poco más. Al poco de abandonar la cumbre el terreno se va haciendo más abrupto y se afila en cresteríos rocosos, pero en ningún momento se hace difícil pues la vereda aunque difusa se sigue bien y va salvando los roquedos mayoritariamente por el norte (izquierda). Las vistas hacia los profundos barrancos y la zona del Puerto de la Quesera y la Buitrera y el Parrejón son magníficas.  Una vez pasado este tramo se traspone una cota bien visible por el norte y en unos minutos se llega a la pista del Collado de Peñalba (1.626 m). El pueblo ya se ve a tiro de piedra, tan sólo queda atravesar el magnífico robledal que se abre a nuestros pies. Este tramo le da una elegancia y un interés especial a la excursión. Robles melojos de buena envergadura, algún arce, pequeños acebos, todo ello crea un entorno fresco y sombreado. Es un placer caminar sobre la alfombra de hojas caidas sin preocuparse por nada. No hay senda, pero si se sigue más o menos el cauce de un arroyo seco (en verano) se llega a una pista paralela a un arroyo, este sí con agua, que a los pocos minutos nos deja de nuevo en Peñalba de la Sierra (1.278 m). Ha sido un variado y tranquilo paseo con encuentro inesperado que me ha llevado unas tres horas y media con paradas que habrán sido unas tres horas de caminar efectivo. En distancia son trece kilómetros y en desnivel positivo 855 metros. Un placer.

Hacia el Pico del Lobo desde el Rocín

Zona de La Buitrera

Zoom al Pico del Lobo


La cresta de bajada desde el Rocín

El robledal
El Ocejón sobresale tras la loma


Robles

Un buen ejemplar

La Cebosa desde el bosque

La ruta

miércoles, 20 de junio de 2012

XVI MARATÓN ALPINO MADRILEÑO (MAM 2012)


Al final lo hice. Tras varios años de mirar de reojo y con admiración mezclada de sana envidia a los participantes del Maratón Alpino Madrileño desde la salida del Cross del Telégrafo, carrera más a la medida de mis escasas facultades, llegó el momento de enfrentarme a la bicha. Así, algo irreflexivamente y con toda seguridad de forma precipitada vistos mis precedentes este año en la montaña (sólo he hecho el Cross de los Tres Refugios y la temporada de asfalto tampoco ha sido para echar cohetes),  me lanzo a la aventura. Por ello esta va a ser una crónica desde la parte más menesterosa del pelotón, desde allí donde lo que importa es pasar a tiempo por los puntos de corte de los distintos controles, desde donde a veces nos situamos más cerca del senderismo que de las verdaderas carreras de montaña, desde donde se siente el aliento en el cogote de los corredores-escoba.

Peñalara y la Loma del Noruego desde las cercanías de Guarramillas, allá vamos.
Parto de varios datos para montar mi estrategia de cara a la carrera y de un único objetivo, acabar con salud. El primer dato objetivo es que dan 9 horas para acabar: ¿Será mucho?, ¿será poco? , no tengo muchas referencias así que habrá que ir viéndolo sobre la marcha. Otro dato es que mis rodillas y músculos están poco acostumbrados esta temporada al terreno de media-alta montaña que me espera. La calamitosa bajada de Guarramillas del Cross 3 Refugios hace un mes así lo atestigua. Decido recuperar mis viejos bastones arrumbados en el trastero para descargar el cuerpo y repartir las cargas y a la postre no me arrepentiré, creo que han sido la clave de mi carrera. A tener en cuenta es por supuesto mi total inexperiencia en la distancia al ser mi primer maratón de montaña, no conozco bien mis límites y ante la gran probabilidad de reventar en algún punto (asunto problemático en este tipo de carreras) debo mantener una disciplina mental absoluta para no forzar mis umbrales de esfuerzo y minimizar esa probabilidad dada la kilometrada de la que se trata. Acabo con unas pulsaciones medias de 147 ppm, lo cual dice bastante sobre lo bien que me he portado conmigo mismo. Además no he pasado por ningún momento especialmente difícil. Bien, pero a la próxima me tendré que dejar de delicadezas y darle más duro, que esto es una carrera. Pero otro año. Más datos: Calor, se prevé que va hacer bastante calor, y yo tiendo a sudar cual pollo y por tanto a deshidratarme con facilidad. Solución: Cargar con abundante bebida toda la carrera para no sufrir entre los surtidos avituallamientos que gentilmente ha dispuesto la organización, así que mochila con bolsa de hidratación con agua y botella con bebida isotónica al canto y, ya que me pongo, geles, barritas y hasta jamón. Voy más cargado que si fuera con los niños a la playa, pero no me arrepiento, no paso ni hambre ni sed.

Llegando a Guarramillas.
Con todo ya decidido y tras semanas de incertidumbre, nervios y puro miedo me levanto a las 5:00 y a las 7:00 estoy en Cercedilla donde me encuentro con Jesús, un maquinón al que perderé la pista al poco de salir. A las 8:00 y sin mucho preámbulo y tiempo para pensar dan la salida y enseguida me meto en faena. Yo a lo mío, despacito y buena letra. Trotecito donde la pendiente lo permite y a caminar donde noto que se me acelera demasiado el pulso. Enseguida rompo a sudar. Pero voy cómodo. La ascensión hasta la estación del Puerto de Navacerrada ("terreno para correr y disfrutar" dice la organización) es muy agradable y permite ir cogiendo el ritmo y calentando.  El terreno de buenos senderos, pinos, helechos y múltiples arroyos resulta delicioso. Lo disfruto. Mucho más que cuando se hace el Cross de Telégrafo, que saldrá después que nosotros, pues se va a un ritmo más bajo (por la cuenta que le trae a uno). Poco antes del puerto, primer avituallamiento que no desprecio, se acaba lo cómodo y empieza lo bueno hasta culminar la dura ascensión a pico hasta el alto de las Guarramillas (2.258 m). El primer coloso del día lo supero bien, sin agonía. Han sido unos 10 km y 1.000 metros de desnivel.  Llega el primer descenso largo por la Loma del Noruego hasta el puerto de los Cotos. Otros 5 km para correr y disfrutar. No me cebo, simplemente me dejo caer para no cargarme. Esta es de las pocas zonas del recorrido que no conozco, me gusta. Me recreo con las bellísimas vistas en todas direcciones. Alcanzo a ver los Tubos de Cabezas y no puedo dejar de preguntarme cómo llegaré hasta allí varias horas más tarde.


A Peñalara.
Llego al primer paso por Cotos en unas 2 horas y 20 minutos. Se supone que cierran el control a las 2 horas y 45 minutos, con lo cual llevo un cierto colchón de minutos pero tampoco me puedo dormir. Mientras como y bebo algo en el avituallamiento llega la cabeza de carrera, impresionante. Me quito la boina. Sin más dilación empiezo el segundo ascenso relevante del día nada menos que a la cima de Peñalara (2.428 metros), techo de la Comunidad de Madrid. Sé que es una subida relativamente amable, pero el cuerpo ya va algo castigado y no sé cómo reaccionará. Redoblo mi actitud prudente y subo algún punto por debajo de lo posible, y hago bien pues sigo disfrutando y voy teniendo la certeza de que, salvo imprevisto o accidente, aquí tampoco reventaré. Ya pienso que lo importante ahora es llegar entero al pie del mítico paso de los Tubos de Cabezas. Y a ello me aplico pasito a pasito. Cumbre. Al descender me cruzo con los corredores escoba que suben. Lagarto, lagarto. El segundo paso por Cotos lo hago en 4 horas y 7 minutos. Ahora el colchón de minutos es de algo menos de 40. Bien, me tranquilizo algo. Ha pasado el ecuador de la carrera (km 25) y hago evaluación de daños: No me duele nada y tengo ganas de seguir. Pues adelante. Este es el auténtico punto de no retorno de la carrera y hay que avanzar con decisión. No se me antoja que haya muchas vías de escape una vez metidos en faena en la ascensión a Cabezas de Hierro. La transición a la tercera  y decisiva escalada del día nos va generando algo de ansiedad a todos. En cuanto nos damos cuenta estamos en medio del paredón. Los casi 600 metros de desnivel entre Cotos y la cumbre de Cabeza de Hierro Menor (2.383 m.)  se salvan en poco más de 2 kilómetros. El terreno es totalmente montañero. Canchales, senderos difuminados entre piedra suelta y tierra, fortísima pendiente. Un arroyo que se despeña. No me queda más remedio que poner paso de himalayista y ganar centímetro a centímetro a la pendiente. Sin prisa pero sin pausa. Un fila de corredores delante y detrás mía agoniza, algunos se retuercen de dolor en el margen de la senda con sus músculos rendidos por el esfuerzo y la deshidratación. Palabras de ánimo. Se gana bastante altura con cada paso, es lo bueno. Bendigo la decisión de subir con bastones. La subida se suaviza súbitamente en un hombro previo al ciclópeo amontonamiento de bloques que es la cumbre de Cabeza de Hierro Menor. Hay aquí situado un oportuno avituallamiento con agüita fresca del manantial que mana de las entrañas de la montaña. Lo que sigue es ya reptar entre bloques graníticos de todos los tamaños. Afortunadamente son bastante estables y, al tener que ayudarse uno con las manos para superarlos en ocasiones, las piernas descansan  algo y se sube, en mi opinión, menos penosamente que por el terreno suelto de más abajo. Un empujón más y ya estoy en la bandera pirata de la cumbre. Kilómetro 29 y llevo algo más de 5 horas y 50 minutos. Las dificultades principales ya han pasado, de momento me encuentro bien, sorprendentemente bien incluso. Empiezo a pensar que puedo acabar en tiempo y forma.


En plenos Tubos de Cabezas

Peñalara, de allí venimos.

La cosa se pone pina.

La canchalera final.
Quedan unos 14 kilómetros, 6 algo pesados para mi gusto a estas alturas hasta el puerto de Navacerrada por el trillado sendero que recorre toda la Cuerda Larga y supera las lomas del Cerro de Valdemartín (2.280 m) y de nuevo Guarramillas, cuya pestosilla y empinada bajada espero con aprensión. Por el técnico tramo inicial de descenso de Cabezas me uno a un corredor que será mi compañero ya hasta la meta y que hará que en animada charla vayan pasando los kilómetros de forma más llevadera. Por fortuna, y aunque ya ha pasado el mediodía y el sol aprieta, a estas alturas el viento sopla con intensidad y la sensación no es demasiado asfixiante. Lo suyo hubiera sido apretar sobre todo en las prolongadas bajadas para mejorar el tiempo final, pero entre uno y otro al final nos relajamos y finalmente nos dejamos llevar por cierta pereza empleando quizás demasiado tiempo en negociar esos kilómetros finales. Me da tiempo hasta a recrearme de nuevo en los bosques por debajo del puerto de Navacerrada, a refrescar con gran placer mis pies en los helados arroyos que atraviesan los caminos, en fin, a olvidarme un tanto que esto es una carrera. Finalmente, pasamos los Campamentos,  llegamos a la altura de la presa  cercana a Cercedilla y ya vemos las primeras casas del pueblo. Escuchar cada vez más cercana la megafonía de la meta, nos espolea algo. Una última curva y la meta aparece ante mis ojos. Fin. Me ha sobrado tiempo, 8 horazas y 19 minutos. Me encuentro algo cansado pero feliz. Ha sido una experiencia intensa y además ha discurrido más o menos según lo planeado. Estoy satisfecho conmigo mismo, otro año el objetivo será no llegar de los últimos, pero esta año he saboreado una gran carrera con una gran organización. No me olvido de todos los voluntarios que han pasado tantísimas horas esperando a que lleguemos calamidades como yo. Gracias.


Con mi compañero de fatigas al segundo paso por Guarramillas

Entrando en meta

Perfil de la carrera
 Clasificación de la carrera

La carrera en mi GPS